miércoles, 9 de febrero de 2011

El clamor de la calle

Se suele confundir la voz de la calle con la voz de toda la población y se ha vuelto a hacer en Egipto con las movilizaciones masivas actuales. Tal vez valga la pena, entonces, recordar otras movilizaciones no tan lejanas y los problemas de análisis e interpretación.
Tenemos, primero, las manifestaciones de “No a la guerra” que se llevaron a cabo en 2003 en muchas partes del mundo y, concretamente, en España donde, además, se convirtió en un rechazo a la política del Partido Popular, entonces en el gobierno, respecto a la ocupación de Irak. Es posible que participaran hasta ocho millones de personas  en toda España ¿Resultado? El Partido Popular ganó las siguientes elecciones municipales y se siguió adelante con la política de las Azores contra Irak.
Después, tenemos las diversas manifestaciones, igualmente masivas, en defensa de la familia (en varios años) por parte de los integristas católicos que quieren que las normas de su religión sobre sexualidad y aborto sean también normas para todos los ciudadanos (la diferencia con los wahabitas saudíes es que allí sí que tienen poder para imponer la “sharia” como ley civil). ¿Resultado? El programa electoral del Partido Popular no ha cambiado ni, mucho menos, el del Partido Socialista todavía en el gobierno.
Finalmente, tenemos, en 2010, las manifestaciones contra las políticas de recortes del Partido Socialista en el gobierno central  el día de la huelga general. en ambos casos, un éxito según los convocantes. ¿Resultados? Después de preguntarse si los gobernantes serían capaces de escuchar el clamor de la calle, esos mismos sindicatos firmaron el pacto social en 2011, recortes incluidos.
Elementos comunes: Antes que nada, las contradictorias estimaciones sobre el número de participantes en las manifestaciones. En la del 29 de septiembre madrileña, entre los 500.000 según los convocantes y los 40.000 según la policía. En la plaza de la Libertad de El Cairo, el “Día de la Salida” pudo haber un millón de manifestantes o unos “centenares de miles”.
Sea cual sea la cantidad de personas que participan en la manifestación, conviene no olvidar que “manifestación multitudinaria” no significa necesariamente que recoja a una mayoría de la población, que puede haberse quedado en casa y no estar por la labor de manifestarse. Si, con independencia de los saltos en las estimaciones, se calcula el porcentaje que supone la valoración más alta sobre el total de la población que podría haber asistido, uno se encuentra con que, en realidad, “masivo” significa en realidad “escaso”. El Cairo debe de tener unos 8 millones de habitantes, es decir, que, calculando muy por lo alto, se manifestaba un 10 por ciento de la población, considerando el hecho de la presencia minoritaria de mujeres. Es exagerado, entonces, titular con “la voz del pueblo”.
Pero es que, además, lo más importante es la heterogeneidad de las motivaciones de los manifestantes como ya describió Gustave Le Bon, a principios del siglo XX, al referirse al comportamiento de las masas o de la multitud. En la de “No a la guerra” había desde pacifistas, “alternativos”, gente de orden a gente que, sencillamente, pasaba por allí y se unió a la “mayoría”. Esperar que aquello tuviese efectos electorales era no saber de qué iba la cosa, con independencia del mínimo caso que el gobierno hizo al “clamor de la calle” que sus sucesores socialistas olvidaron al enviar las tropas a Afganistán y aquí no ha pasado nada.
Para el caso egipcio las interpretaciones, como suele suceder, han ido arrimando el ascua a la propia sardina. Así, por ejemplo, y basándose tal vez en la entrada de los Hermanos Musulmanes en las manifestaciones (y en la detención de 260 de sus activistas), en Irán se ha visto como un resurgir del islamismo frente a un gobierno laicista. Otros, en cambio, han visto un grito a favor de la democracia, que es lo único que puede solucionar el problema, como diría Obama. Pero es posible que lo que quiera la mayoría de manifestantes (que no es, como he dicho, la mayoría de la población necesariamente) es que se vaya Mubarak... que es lo que probablemente quieren los que desean que todo cambie para que todo siga igual y, encima, divididos en el “quítate tú”.  O que los que sufren el aumento de los precios de los alimentos, problema mundial, toman a Mubarak como causa de todos los males.
Las manifestaciones son vistosas, pero mejor no dejarse encandilar por su espectacularidad. Lo cual no quita para que se les imite en otros países.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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