sábado, 19 de febrero de 2011

Curveball

Cuando escribí un librito sobre la guerra de Irak  en sus comienzos, tuve la sospecha de que Colin Powell, en su penosa comparecencia ante Naciones Unidas explicando las maldades del gobierno de Sadam Husein, no mentía sino que se equivocaba. Mentir es cuando alguien dice algo que sabe que no es cierto; equivocarse puede ser decir lo mismo creyendo que es verdad pero que en realidad no lo es.
Ahora ha pedido que la CIA y el Pentágono (él era secretario de Estado, no de Defensa, que eso era Donald Runsfeld) le den explicaciones de por qué le indujeron a equivocarse sobre las armas de destrucción masiva al confiar en fuentes muy dudosas como la de "Curveball".
Curioso: lo que desde fuera, desde lejos y desde la periferia veíamos como un vulgar "cocinar" los datos para que encajasen con una decisión tomada de antemano, ellos no lo veían. O no querían verlo y se obstinaban en su "group thinking", esa curiosa manera de equivocarse que consiste en anclar las propias opiniones en los grupos a los que uno pertenece por encima incluso de los datos constatables.
No hay peor sordo que el que no quiere ver.

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