viernes, 7 de enero de 2011

No hay nada eterno

Ni siquiera las tradiciones. Una de las grandes aportaciones inglesas a la cultura universal es el pub y, dentro del pub, la pinta de cerveza. Su tamaño (568 mililitros) ha estado regulado por ley desde 1698. Cuatrocientos años de historia os contemplan cuando, gracias a las huellas digitales, levantáis la pinta y ésta no se os cae de las manos. Y, ya se sabe, dos mejor que una. Y si eres varón, no tienes opciones: pinta (aunque esto último, gracias a reivindicaciones igualmente históricas, está cambiando).
Pues se acabó: el gobierno de Cameron ha cambiado el volumen de la pinta. Reduciéndola, por supuesto. Tal vez sea la crisis, pero a mí me parece que se trata de un caso más que muestra que se puede estar por el cambio o contra él tanto desde la derecha como desde la izquierda. Por partes:
Recuerdo que las ideologías se clasifican según se orienten sus portadores hacia el cambio: si son contrarios al mismo, son conservadores; si quieren acelerarlo, son revolucionarios; y si sólo quieren gestionarlo, son reformistas.
La otra clasificación, tradicional en Europa, es la de izquierda y derecha que no tiene la misma lógica que la anterior clasificación. Aquí se trata de una jerarquía de valores: la izquierda pone la igualdad por delante del crecimiento y la derecha pone el crecimiento por delante de la igualdad. Por lo menos eso decía Norberto Bobbio. A estas alturas, tal vez habría que introducir un tercer valor, el del medioambiente, pero lo vamos a dejar para no liar la cosa todavía más. Pero sí recordar que esta clasificación no se aplica en todos los países del mundo.
En todo caso, y sin salir de este tipo de retórica, lo que quiero hacer ver es que se puede ser conservador desde la izquierda si lo que se quiere es oponerse al cambio desde una perspectiva igualitarista. Así fue la Cuba de Fidel, pero no la de Raúl, evidentemente reformista. Lo mismo puede decirse de los revolucionarios desde la derecha, caso, por ejemplo, de los primeros gobiernos de la hoy Lady Thatcher. Cameron, reformista. 
Y lo que cada cual se aplique a sí mismo, es gratis.

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