jueves, 9 de diciembre de 2010

Predicar con el ejemplo

Paul Krugman, ante las dudas sobre la eficacia de una devaluación del dólar, opone su lista de éxitos a la lista de fracasos de otros. No tiene mucho sentido argumentar con ejemplos del tipo "la prueba de que la lotería me va a tocar es que a una tía mía de Cuenca le tocó una vez". Pero sí contra-argumentar. Si tú tienes buenos ejemplos, yo también los tengo ("a mi amigo Manolo, algo mayor que yo, y que viene jugando a la lotería desde su lejana juventud, nunca le ha tocado, luego nunca toca y nunca me va a tocar"). En realidad este contra-argumento sólo prueba que el argumento del otro es mucho más débil de lo que parecía.
El virus de la gripe no se propaga sólo en condiciones de determinada temperatura. Hace falta una concreta combinación de temperatura y humedad. Por lo menos, dos variables que mejorarán su capacidad predictiva en contextos en los que o no ha habido inmunización anterior por anteriores cepas o las defensas de los individuos están, mayoritariamente, bajas. Supongo que es el abc de la medicina preventiva y de la epidemiología más o menos científica, es decir, sometida a examen empírico controlado y riguroso. No vale decir "a mi tía de Cuenca le vino bien tomar el té que se ha dejado macerar con un determinado hongo" (el "hongo milagroso" de mi niñez) si no se tienen en cuenta, primero, más gente; segundo, se compara con los que no han tomado el hongo; y, tercero, se intenta individuar los casos en los que con hongo hubo gripe y sin hongo no la hubo y se procura responder al "por qué".
Pero argumentar con ejemplos, como se hace en política, puede ser vistoso y hasta dar titulares en la prensa escrita. Pero no por eso mejora el argumento.

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