lunes, 22 de noviembre de 2010

FMI: como para fiarse

Se deben a Joseph Stiglitz algunas cáusticas observaciones sobre el funcionamiento del Fondo Monetario Internacional. Aunque, reconozcámoslo, reflejan las consabidas peleas entre instituciones hermanas (Stigltiz trabajó para el Banco Mundial), la historia que, creo recordar, cuenta en El malestar de la globalización  es sintomática: los técnicos del FMI acaban de entregar un informe sobre el país A, pongamos africano, al gobierno de dicho país. El informe incluye un buen diagnóstico de la situación y una serie de medidas que, según se desprende del trabajo empírico llevado a cabo por los expertos, deben aplicarse para que el país se "desarrolle". Hasta ahí, ningún problema. Pero es que resulta que esos expertos tienen que proseguir su trabajo en el país B, pongamos latinoamericano, y, llegados allí y después de arduos esfuerzos e investigación incansable, acaban haciendo las mismas recomendaciones al gobierno de B que las que habían hecho al gobierno de A. Hasta ahí, ningún problema aunque llame a asombro la coherencia ideológica de estos expertos. Lo que cuenta Stiglitz es que los expertos lo que han hecho es sustituir el nombre de A por el nombre de B, maquillar algunos detalles y dar exactamente el mismo informe a los dos gobiernos... con el agravante de que el procesador de textos utilizado no ha cambiado todos los nombres y todavía quedan párrafos, en el informe entregado en B, que siguen hablando de A.
Me he tenido que acordar de esta anécdota que refleja el universalismo neoclásico (la "ciencia" es universal y sus proposiciones valen para cualquier lugar del mundo, ya que son leyes científicas) o la pereza y prepotencia de unos bien pagados funcionarios al ver el informe de 2004 sobre Irlanda que publicó el dicho FMI. En él, aun reconociendo algunos pequeños problemas por ejemplo con la burbuja inmobiliaria, se presentan las políticas de su gobierno como ejemplares para otros países. El Tigre Celta de los años 90 ya había perdido alguno de sus dientes y los expertos daban algunos consejos (estereotipados) para adaptarse a la desaceleración del crecimiento irlandés. Ni una palabra sobre lo que ahora se ven como profundas debilidades del sistema. O no las vieron o no las quisieron ver.
El informe lo he visto a partir de un post de Juan Torres en el que añade que la situación presente tiene un antecedente inmediato (y posterior al brillante informe del FMI), a saber, un drástico programa de austeridad que, por lo que parece, no funciona. Y hay quien dice que no puede funcionar porque no está diseñado para resolver el problema sino para responder a los intereses de capas de la sociedad que siguen practicando la "lucha de clases" desde arriba: después de mí, el diluvio.

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