martes, 26 de octubre de 2010

Über alles

Ha tenido que ser el presidente Piñera, el "héroe de los mineros" como lo llama irónicamente el periódico en el que leo la noticia, el que me haya hecho salir de mi error. Resulta que mi padre cantaba el himno alemán con la letra de su tiempo, es decir, con el texto nazi en el que se dice "Alemania sobre todos en el mundo" y exalta a las mujeres y al vino alemán, según recuerdo. Por lo visto han cambiado la letra aunque han dejado la música, cosa que Piñera no sabía (ni yo tampoco).
Hasta ahí no hay problema, pero la cosa se complica cuando el presidente, en visita de Estado, deja lo de "Deutschland, Deutschland über alles" (no añade "in der Welt", eso sí) sobre su firma en un libro de honor que le presenta el presidente alemán. La frase, escrita con la mejor voluntad del mundo, desconoce que huele a nazi y que no queda bien recordar esas cosas que se han convertido en tabú para la memoria histórica de los alemanes.
A lo que parece, todos los países tienen algún cadáver en el armario y muchos prefieren no hablar de ello. En buen psicoanálisis, mejor sería no reprimir esos recuerdos y sacarlos a la luz. Cuanto antes mejor, aunque sea con WikiLeaks. Intentar hacerlo a más de 50 años, como se hace en España, es mucho más problemático y más cuando prácticamente ya no quedan protagonistas de aquellos hechos. No creo que exista la "memoria colectiva", pero sí los que guardan recuerdos de sus padres (como yo del mío) y los usan en una dirección o en otra. Al fin y al cabo, aunque los adolescentes crean que van a ser tan, tan diferentes de sus padres, al final, de viejos, acaban pareciéndose a ellos más de lo que creían de jóvenes. No necesariamente en contenidos pero si en modos. Quiero decir que, aunque padres e hijos acaben, por ejemplo, votando de la misma o de diferente manera, lo que les va a asemejar no va a ser el contenido del voto sino cómo afrontan la realidad política.
Tomo nota  de lo del himno y ya no sacaré esa letra cuando quiera quedar bien con amigos alemanes. Eso sí, me descubro a mí mismo habiendo aprendido a cantar varios himnos, aunque en castellano. El boliviano, el peruano y el ecuatoriano para ser concreto. No el español, que sólo lo puedo tararear o silbar al carecer de letra.

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