miércoles, 6 de octubre de 2010

Spanish Tea Party

En los Estados Unidos discuten si el movimiento del Tea Party es algo que ha crecido desde las bases o ha sido algo promovido desde los medios en general o desde la Fox o a través de la agitación mediática de Glenn Beck. Podemos pensar que algo hay de todo en ello, cosa que no se puede decir de la otra cosa que se discute: si va camino de convertirse en un tercer partido o va a ser el sector que aglutine a los más conservadores del Partido Republicano secuestrando su agenda política. Lo que comenzó siendo una cosa un tanto “friki” se está convirtiendo en un asunto de interés nacional.
Sí se sabe, más o menos, qué tipo de gente lo forma. Varones, blancos, clase media, resentidos con los ricos y temerosos de los pobres, partidarios del derecho constitucional a llevar armas, nacionalistas que rechazan lo que sea diferente, con tendencias racistas (aunque ha intervenido algún negro en sus actos), muy religiosos en el sentido sexual de la palabra (aborto, homosexualidad) y en el científico (células madre, darwnismo), contrarios al gobierno federal y, en concreto, a los impuestos, es decir, preferirían que no hubiese ningún impuesto, frontalmente anti-Obama por negro, socialista, vendepatrias, mentiroso, pero no por masón (que eso sí que lo es).
Problema de ellos, se dirá. Pero es que también se está convirtiendo en un asunto internacional. No haría falta decir que, en cada sitio, el movimiento adquiere coloraciones propias del terreno en que se mueve, pero hay curiosas analogías con el Tea Party (sic) británico, el Partido de la Libertad holandés, el Partido del Progreso noruego y hasta el Seitokukai japonés que ha tenido algunos encontronazos con los que no pertenecen al “minzoku” japonés (etnia, raza, nación), en este caso los nietos y biznietos de coreanos que viven en las Islas desde la II Guerra Mundial.
En España no lo hay. Todavía. Algunos pequeños partidos están jugando la baza del progreso, la democracia, la ciudadanía, la españolidad. Además, hay facciones dentro de los mayoritarios, en concreto en el Partido Popular, que coquetea con esas ideas y planteamientos. Pero no existe un Tea Party aunque el contexto sea propicio, tengamos excelentes radiopredicadores y telepredicadores tipo Glenn Beck y aunque parece que aquí sería más un fenómeno de mujeres y no de varones como en los Estados Unidos. Clase media, sí. Media-alta, para ser exactos, de misa dominical que es a lo que reducen su religión (y a lo de la homosexualidad y el aborto y esas cosas), envidiosos de los que tienen más y temerosos de los que tienen menos que, encima, podrían intentar robarles. Resentidos se llamarían.
Unos días que he estado en Madrid he aprovechado para escuchar emisoras de radio que no puedo oír en San Juan. La verdad es que esta en concreto que me cautivó no sé si es radio.es o alguna concesión recién estrenada, pero el asunto iba de lo siguiente. El locutor volvía de vacaciones y todas (llamaban mujeres) estaban muy contentas de volverle a escuchar o, mejor, a volver a sentirse animadas a decir algunas cosas que ellas sabían que a él le encantaría oír. Temas: el gobierno es un gobierno cobarde y entreguista (se afirma, no se dan detalles); Zapatero quiere romper la unidad de España; uno de los motivos por los que va a dar la independencia a Cataluña y al País Vasco y va a entregar Ceuta y Melilla a Marruecos es el de quedarse indefinidamente en la Moncloa; algo debe de estar recibiendo personalmente de Marruecos, aunque la señora no sepa qué pueda ser, pero algo debe de haber; los sindicatos no sólo son inútiles sino perjudiciales; el laicismo está acabando con España. No invento nada y no consigo recordarlo todo, pero era de este calibre modelo “Tea Party”. No sé si las señoras saben de Sarah Pallin, pero seguro que estarán encantadas con ella.
No es política (conjunto de propuestas con las que prudente y tentativamente se quieren arreglar cosas comunes). Es religión: misioneros monotemáticos, están absolutamente convencidos de que la razón y la verdad sólo está de su lado, motivo por el que se lanzan a encontrarse con los que comparten su fe (que es el mejor medio de confirmarse en ella) y a conseguir conversos que se adhieran.
Comprendo el dilema de los que no saben si montar un anti-Tea Party, igual de extremista pero del otro lado, o prefieren provocar dudas en la gente para ver si así razonan un poco más. 
(Publicado hoy en el diario Información - Alicante-)

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