domingo, 10 de octubre de 2010

Obsoleto Norte-Sur

A propósito de la conferencia preparatoria para la cumbre de Cancún sobre el cambio climático, me encuentro con un reportaje sobre la falta de acuerdo entre los dos contaminadores máximos en el Planeta, a saber, los Estados Unidos y la China (aprox. 20 por ciento de las emisiones globales cada uno) y la ausencia de la India (5 por ciento) en tales discusiones. El asunto no es sólo para ambientalistas (si podrá resistir y cuánto la especie humana en esas condiciones), sino que tiene evidentes tonos empresariales que explican los dineros que las empresas contaminantes dedican a que no se les vean las vergüenzas. Pero, como deduzco del reportaje, también tiene aspectos geopolíticos que explican otras frecuentes campañas para que se vea lo "malo que es el otro". No es, pues, un asunto de serena discusión de los datos sino de arrojadizos reportajes contra el otro que demuestran que ese otro es malo-malísimo. Todo ello al margen del fervor misionero que afecta a algunos partidarios y contrarios de una u otra religión ambiental.
De todas formas, los intereses en juego llevan a seguir planteando una división del mundo que ya quedó obsoleta hace tiempo. Me refiero a la clasificación de países en "desarrollados" (también llamados "industriales") y "subdesarrollados" (púdicamente llamados "en vías de desarrollo"). Lo de "industriales" quedó obsoleto mucho antes gracias a una "nueva división internacional del trabajo" que llevó empresas contaminantes o intensivas en mano de obra a países "subdesarrollados". Y lo de "en vía de desarrollo" impide ver que algunos de ellos no lo están (siguen sin ningún tipo de "desarrollo", es decir, de crecimiento significativo) y otros dejaron de estarlo hace tiempo y se encuentran ahora en la categoría, más apropiada aunque suena raro el vocabulario, de "emergentes". 
Si de intereses se trata, los de los países emergentes pasan por ser clasificados con los países "subdesarrollados" para así negociar con los "desarrollados" ayudas para dejar de contaminar. En la India, como he citado, lo tienen claro. Los dirigentes de la China, también.
Pero el que sea útil para determinadas políticas no significa que se corresponda con la realidad. La vieja dicotomía metrópoli-colonias, sustituida después, con la descolonización, por Primer, Segundo y Tercer Mundo, aunque, en realidad era Primero-Segundo y Tercer Mundo, es decir, "desarrollado" y "subdesarrollado", sustituida, con la caída de la URSS, por Norte y Sur, ya no sirve para entender qué sucede. Y como entre Norte y Sur es difícil introducir un tercero geográfico que tenga algo de sentido (Norte y Sur tampoco lo tenían: Australia en el Sur geográfico y Mongolia en el Norte geográfico), habrá que recurrir a centro-semiperiferia-periferia que ya lleva cuarenta años en circulación, aunque no muy aceptado por los centros controladores de vocabulario. Si no gusta, pues entonces "países ricos" ("enriquecidos" dirán otros), países pobres y, en medio, países emergentes, básicamente los BRIC, Brasil, Rusia, la India y la China, países con problemas medioambientales bien diferentes de los países pobres. Y de los enriquecidos, no se crea. De todas formas, para este asunto ambiental cuentan, más que los BRIC, los BASIC (Brasil, Sudáfrica, la India y la China), que la jerarquía no está consolidada a estas horas.
En la China, con humildad confuciana, se clasifican como "pobres" aunque su economía haya superado a la del Japón. Eso sí: su renta per cápita no es la segunda del mundo y no me resisto a dar los datos para un mundo que tiene una rpc de 10.400 dólares: los Estados Unidos ocupan el 11º lugar -46.000 dólares-, España el 38 -33.600- y la China el 128 -6.600- aunque separada de Hong Kong que ocupa el puesto 15 con una rpc de 42.800.
Y todos los emergentes a una, en el Fondo Monetario Internacional, bajan los humos a los países enriquecidos, hacen oír su voz y, siendo como son los motores de la economía mundial, se permiten tirar de las orejas a los enriquecidos. Vivir para ver.
Las dicotomías simplificadoras son muy útiles en política, pero no por eso coinciden con la tozudez de los hechos, que diría Lenín, nada sospechoso de no haberse dedicado a la política.

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