sábado, 2 de octubre de 2010

Más Ecuador

Ayer volví a Telesur donde se seguía insistiendo en un golpe del imperialismo contra el ALBA, uno más como el montado contra Chávez. También diversos amigos ecuatorianos me han hecho llegar sus análisis y discusiones. Y se han publicado páginas de urgencia que adjunto al final (no adjunto lo recibido por email).  De aquellas, algunas muy meditadas y, en mi opinión, equilibradas. Otras, menos. De lo visto y leído, sigo con algunas confusiones sobre lo sucedido, pero comienzo a aclararme sobre los comentarios. Y estos son los míos.
1. La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero. Rechazar una versión de los hechos por ser de derechas o de izquierdas no me parece el criterio más apropiado para enterarse de qué sucede o de qué podría suceder. El exceso de ideología (pre-juicio, anterior al examen de los hechos) puede ser perjudicial para los que "no sólo quieren interpretar el mundo, sino que quieren cambiarlo", en versión libre de la tesis 11. Cambiar una realidad que se conoce mal es algo que sólo se puede hacer cuando se tiene mucho poder. Si no se tiene ese poder, el análisis concreto de situaciones concretas se impone. No me parece una buena estrategia cognoscitiva el negar una parte de la realidad (por ejemplo, según algunas versiones, la tentación autoritaria por parte del gobierno Correa) ni maquillar la realidad para que encaje con las propias opciones anti-imperialistas. Y hay hechos que no se prueban con retórica o con la fe compartida de que "las cosas son siempre así". No vendría mal probarlos (por ejemplo, he visto en varios comentarios la afirmación de la financiación por parte de USAID  a algunos movimientos o partidos ecuatorianos y no veo cómo se puede probar desde fuera de los mismos -ni desde dentro, si es que uno está en la puta base-).
2. No es bueno confundir hechos con interpretaciones. Los hechos observados (en el supuesto que ver algo por televisión suponga creer beatamente en que "está pasando, lo estás viendo", es decir, creer que lo que entra por los sentidos es la verdad) son una cosa y la interpretación que se haga de los mismos es otra. Qué significa algo es parte de la realidad, pero no es un hecho contrastable y dependerá del color con que se mira, más o menos legítimo, pero inevitable.
3. Otra cosa es el uso político que se haga de la descripción de los hechos y de su interpretación. Se puede usar lo sucedido para arrimar el ascua a la propia sardina o para desprestigiar al contrario. Es legítimo también, pero no tiene por qué contaminar demasiado al punto 1. Claro que siempre lo contamina. Pretender a estas alturas que "los hechos hablan por sí solos" es un tanto ingenuo. En realidad, hacemos hablar a los hechos cuando los mezclamos, inevitablemente, con las interpretaciones que nuestra opción política requiere.
4. Concebir "falsas esperanzas" basados en descripciones equivocadas e interpretaciones forzadas no es la mejor manera de conseguir objetivos políticos concretos, me parece. Hacerlas concebir a la gente, es una práctica habitual en los políticos profesionales y la encuentro algo indecente por más que sea lo habitual. Pero en este último caso, sí que sirven para los intereses de dichos profesionales, sean del signo que sean (recuerdo los comentarios que hacía Fernando Claudín en Documentos de una divergencia comunista a las "falsas esperanzas" que Santiago Carrillo hacía concebir a sus camaradas en la clandestinidad en la España de Franco).

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