jueves, 14 de octubre de 2010

Los medios en la mina

No sé cómo traducir "surmédiatisation", pero es una buena palabra para describir lo sucedido en la mina San José. Y, claro, cuando hay un exceso de medios dispuestos a trasmitir el "lado humano" de la noticia, su impacto emotivo, el entusiasmo colectivo, los abrazos familiares, la explosión de nacionalismo y todo lo que hace de un telediario un buen telediario con imágenes que mueven al asombro y al humedecimiento de los ojos, cuando hay eso, digo, siempre viene bien preguntarse por lo que no cuentan o lo que atraen.
Primero, no cuentan (sugieren, eso sí, aunque sólo algunos) la malas condiciones en que trabajaban los ahora héroes y hasta hace poco muertos seguros. "Sudor de sangre minera tiene el oro del patrón", de Yupanqui,  cantaba Víctor Jara antes de que la "ley y orden" de Pinochet produjera la ola de privatizaciones y cierre de empresas y acabara con Víctor Jara y miles de opositores. "Si hay una cosa en el mundo / más importante que Dios / es que naide escupa sangre / pa' que otros vivan mejor". Ya se sabe que, igual que en el Golfo de México con el derrame de petróleo, el beneficio de algunas empresas (privadas y públicas) se obtiene reduciendo gastos, sea de personal, de calidad o... de seguridad.
Segundo, resulta desagradable ver cómo los políticos acuden como moscas a la miel para hacerse la foto. El boliviano Mamani, con Piñero a su derecha y Morales a su izquierda, era el mejor ejemplo. Hay hasta quien dice que el boliviano, que en un primer momento se había dicho que saldría el primero, salió el cuarto para dar tiempo a Morales, que venía de apoyar a Correa en el Ecuador, a estar presente en el emocionante momento y salir en el telediario. Y ya el colmo de búsqueda estúpida de foto es la de la visita de los mandatarios a los hospitalizados antes de su traslado en helicóptero. Pero ¿qué hacen los mandatarios, de la derecha de siempre y de la nueva izquierda, llevando un caso protector para entrar en una habitación de una clínica? La foto, compañeros, la foto. Hay que ir disfrazado de lo que toque. Penoso.
Viví en Uncía, pueblo minero de Bolivia, cuando a penas tenía 20 años. Mi respeto a los mineros es otro. Mueren. De silicosis, como sucedía con el estaño de Uncía y sucede en San José, y por accidentes. Nadie es inmortal, pero las muertes evitables duelen más.
Dediqué uno de mis libritos al minero Eustaquio Picachuri, con el que probablemente coincidí en Uncía, pero al que no conocí: se hizo volar de un dinamitazo en el parlamento boliviano, desesperado por no recibir el pago de su pensión.

2 comentarios:

  1. Después de unos meses de "sobremediatización" (?), exacerbándose la perspectiva sensacionalista y omitiendo las implicaciones políticas de lo sucedido; no esta mal leer un artículo que señala algunos aspectos olvidados (o apenas mencionados). Gracias José María.

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  2. Gracias a ti.
    Ahora recién se empieza a leer algo sobre la ilegalidad de las condiciones de seguridad de la mina y, por tanto, la responsabilidad no sólo de la empresa sino también del ministerio de minas.

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