lunes, 18 de octubre de 2010

Forofos y furibundos

Doy por supuesto que todo el mundo tiene derecho a estar a favor de Cuba como también a estar en contra. O a favor del actual gobierno de Israel o en contra del mismo, e incluso contra la mera existencia del Estado de Israel. Y lo mismo se puede decir de Libia o de Palestina. Cada cual dará sus razones y las suelo escuchar con atención aunque mis opciones las tenga suficientemente claras (aunque esté dispuesto a cambiarlas si se me demuestra algo). Pero no me parece de recibo confundir esas opciones con la recogida de datos de modo que el favorable (a lo que sea) sólo recoja los datos que le confirman en la bondad de su opción, al tiempo que le hace ver la intrínseca maldad de los que tienen la opción contraria.
Eso es, al fin y al cabo, lo que pomposamente se llama "lucha política" o, mejor, "lucha ideológica": la tortura sistemática de los datos hasta que confiesen lo que quiere el torturador, ocultando de manera sistemática los que van en dirección opuesta. Sea. Aunque tampoco hay por qué negar que haya quien tenga los datos que sostienen su opción y no exista de hecho dato alguno que la pueda debilitar.
El político podrá someter la verdad a su causa, pero también hay derecho a tener como causa la verdad. Eso sí, sin pretender que la distinción entre "el político" y "el científico" (por citar a Weber) tenga que ser tan extrema. La causa de la verdad no carece de motivaciones y de opciones. Por ejemplo, el sesgo a favor de las víctimas o, sin duda, la elección de un tema u otro.
Pero déjenme que intente aclararme con qué sucede en todos esos sitios (y algunos más) sin que el resultado de mi indagación sea despreciado por unos por ser favorable o por otros por ser contrario a lo que ellos quieren encontrar.
Por poner un nuevo ejemplo, puedo tener todas las simpatías hacia el hecho de que Evo Morales sea presidente de Bolivia y, al mismo tiempo, puedo levantar acta de las numerosas barbaridades que está haciendo su gobierno (y las que se nos vienen encima). En el Ecuador, entre Correa y Noboa no habría dudado (bueno, tal vez hubiera votado en blanco o nulo), pero si hubiese tenido que elegir, Correa, sin duda. Lo cual no quita que el personaje no me caiga simpático y que algunas de las cosas que ha hecho (y las que se nos vienen encima) no me parezcan bien.
Un excelente y admirable ejemplo de opción clara y manifiesta y, al mismo tiempo, intento de respetar la realidad sin arrimar el ascua a su propia sardina está aquí.
No sé por qué hay que adoptar actitudes maniqueas como si la realidad fuese una lucha titánica entre Ormuz y Arimán, entre arios y no-arios, sin posibilidad de matización alguna. Me suena a religión en el peor sentido de la palabra. Y con religión, la política adopta tintes muy peculiares y dispuestos a pasar a la violencia del tipo que sea. Y aunque "la violencia sea la partera de la Historia" (cosa que, por cierto, no creo), no parece que los muertos innecesarios por la misma puedan haber tenido la misma opinión.

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