miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿Vuelve el fascismo?

Conozco gente preocupada por los indicios de fascismo que encuentra. La crisis les hace recordar qué pasó en la de 1929-1939. Ya saben: Musolini, Hitler, Franco y demás fascistas/nazis históricos. Tal vez la historia no se repita, pero hay veces en que las épocas riman, y este podría ser el caso. Tienen, además, las pruebas en la creciente xenofobia que han mostrado diversos gobiernos, desde algunos locales de Cataluña a los centrales de Italia y, recientemente, de Francia donde se ha expulsado a ciudadanos de la Unión Europea con el único criterio de su adscripción al pueblo rom. También ha habido incidentes racistas en el Japón.
Como no soy inmune a estos comentarios, he tenido que seguir con interés las andanzas del Tea Party, un grupo conservador que cada vez tiene más peso en las decisiones del Partido Republicano. Este, probablemente, ganará las elecciones parciales de noviembre y, si no hay cambios, conseguirá la presidencia en 2012. Sarah Palin, que fue candidata a vicepresidente y participa en los encuentros del Tea Party, baraja la posibilidad de presentarse a presidente frente al candidato del Partido Demócrata que, por cierto, no creo que sea Obama.
 El Tea Party  consiguió recientemente un notable éxito en su encuentro en el mismo lugar y fecha en la que Martin Luther King dio su discurso “I have a dream”. Sus temas: El honor nacional, Estado mínimo (aunque no está claro si son aislacionistas, cosa que no creo sean), la moral convencional por encima de todo, peso de la religión en los asuntos del Estado. Y algo de racismo, todo sea dicho.
Paul Krugman escribía, la semana pasada,  de su temor a una nueva caza de brujas en su país si estos ganan. La lógica de esta caza de brujas de ahora sería previsible: los republicanos (y los sectores mediáticos que los azuzan y representan) parten de una visión catastrofista de la mayoría demócrata en el Congreso y, en particular, del "socialismo" de Obama al que algunos suponen musulmán y otros le niegan la ciudadanía estadounidense. Un desastre de presidencia y de mayoría parlamentaria, dicen, que el triunfo republicano arreglará. Pero para arreglarlo van a hacer falta muchos esfuerzos, barrer mucha basura, quitar de en medio a mucha escoria y poner las cosas en su sitio, en particular el honor nacional y la religión. "Histeria", lo ha llamado Krugman en esa columna. El hecho es que, bien fidelizados, el 50% de los republicanos registrados piensan votar. Los demócratas van por el 25: piensan, desencantados, en abstenerse.
La lógica de este  movimiento parece que es la siguiente. Tenemos, en primer lugar, una crisis económica de la que continuamente se dice que se va a salir, pero de la que no se sale y, mientras tanto, produce daño en los desempleados o que temen ser despedidos, en los desahuciados o que temen perder su casa y en las clases medias que temen ser robadas por cualquiera de los dos anteriores (parados o sin casa). El miedo es mal consejero y mucho más la frustración.
Hay, después, una xenofobia subyacente que el miedo y la frustración hacen aflorar. El mecanismo es sencillo: se encuentra un objeto sobre el que descargar las propias frustraciones. Es el chivo expiatorio que carga con los pecados del grupo según la tradición judeocristiana. En el caso estadounidense, convenientemente dirigido, incluye al primer presidente negro y se extiende hacia los demás negros, hispanos e inmigrantes, y mucho más si su inmigración ha sido ilegal.
Todo ello, finalmente, es fomentado por los medios conservadores que azuzan el miedo, la frustración y la agresividad y los canalizan hacia los intereses electorales ahora en las parciales  de "mid term" y ya preparados para las presidenciales de 2012.
Obvio que los manifestantes no aceptarán este diagnóstico y dirán que Glenn Beck, desde la Fox, dice las verdades como puños que la prensa "progre" (“liberal”) oculta sistemáticamente porque está vendida al gobierno que también oculta esas verdades. Es posible. Pero el carácter repetitivo (se pretende convertir en verdad lo que se repite de manera machacona a lo largo de semanas de emisión) y el recurso a los sentimientos (nacionalistas, racistas, religiosos) hacen que el "porque lo digo yo" acabe siendo el criterio de verdad.
Son varios los autores estadounidenses (con Chomsky a la cabeza) que hablan del auge del fascismo en los Estados Unidos. Los vengo recogiendo desde que publiqué “Democracia made in USA” en 2004. Pero no vendría mal ver si algo de lo ahora dicho se aplica a España.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-, recogiendo algunos posts pasados)

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