jueves, 30 de septiembre de 2010

Ver, oír, leer (2)

De nuevo el problema de las fuentes para enterarte de lo que sucede con un cierto grado de verosimilitud y sobre asuntos de relativa importancia. Pongamos la huelga convocada en España el día de ayer.
Como nadie tiene el don de la ubicuidad, hablo de lo que vi en mi pueblo y de lo que me cuentan amigos de otros pueblos cercanos: no hubo huelga. En mi caso, un bar y una sucursal bancaria cerrada. El resto, todo abierto y funcionando. Claro que los que lo vieron en otros lugares y participando en las manifestaciones en las ciudades, necesariamente recogen algo distinto.
¿Qué hacer, entonces? Pues caer en manos de los medios de comunicación. Leer. Si les hacemos caso, (casi) todos los periódicos españoles que he visto (y esta vez no cito) coinciden en que si hubo huelga (que claro que la hubo), ésta no fue general. Alguno recuerda que con las huelgas generales anteriores la tónica fue que los gobiernos minimizaron el apoyo mientras que los convocantes hablaron de éxito rotundo. Esta vez ha habido más de lo segundo que de lo primero, pero sin salirse del libreto. Lo oído era lo esperable.
¿Ha sido un éxito? Si es por el porcentaje de participantes (que nadie conoce y las discrepancias son las habituales -entre el 75 por ciento y el 20 por ciento de participación según, respectivamente, los sindicatos y  la patronal-), tal vez sí, tal vez no. Pero el número de participantes no dice nada sobre la consecución de los objetivos de la huelga (mucha más gente fue a la manifa contra la guerra de Iraq y no sólo se fue a la guerra sino que el PP ganó las siguientes elecciones municipales: una cosa es la manifa y otra la población total). 
¿Sirvió para conseguir esos objetivos? Pues parece que no y que, con lo que podrían empeorar las condiciones económicas, todavía menos. Hay, efectivamente, motivos para ser escéptico al respecto. Aunque en la euforia del mitin en Madrid se dijera que el gobierno podía cambiar de política, reconociendo así que ese podía ser uno de los objetivos de la huelga , no parece que se vaya a lograr. Lo oído puede tener todavía menos valor que lo visto (por parcial) o lo leído (por sesgado).
¿Se han reforzado los sindicatos ante  el público en general? Parece que no, aunque los militantes estén satisfechos de haberse encontrado juntos.
¿Han cambiado las perspectivas electorales del PP y del PSOE? Pues parece que tampoco.
Resumiendo: si el éxito se mide por la participación, no sabemos mucho  (el consumo eléctrico no parece significativo) y la visión es parcial, la lectura sesgada y la audición exagerada. Si se mide por la consecución de objetivos declarados o imaginables, las fuentes difieren, pero parece que no se consiguieron o no se van a conseguir. Posiblemente, porque los objetivos declarados eran falsos. De ser así, los sindicatos convocantes, que podrían haber convocado esa huelga mucho tiempo antes, habrían sido unos irresponsables con lo que su intento de lavado de cara habría actuado como bumerán. 
Eso sí: los creyentes en una u otra de las más de dos direcciones posibles, seguirán siendo creyentes  e incluso se sentirán confirmados en la fe, vean, lean u oigan lo que sea (normalmente verán, leerán y oirán lo que querían de antemano). Y ¿la realidad? Como diría Hegel, "pues, peor para la realidad".

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