lunes, 13 de septiembre de 2010

Poder farmacéutico

Una de las razones del escándalo del H1N1, el virus inicialmente porcino, fue que los que dictaminaron que la que se venía era muy grave resultó que tenían conexiones con la industria farmacéutica, una de las cinco ramas más importantes en el comercio mundial junto al automóvil, las armas, las otras drogas (ilegales) y el petróleo. Los gobiernos corrieron a aprovisionarse con mucho entusiasmo e inútilmente. Ahora no saben qué hacer con las vacunas que todavía no han caducado y procuran venderlas a países del hemisferio Sur para que se preparen para el invierno siguiente.
El gobierno español habló de que, para ahorrar en el gasto farmacéutico del sistema sanitario público, se iba a cambiar el modo de recetar medicamentos. Me hizo acordarme del sistema ecuatoriano, que encuentro muy inteligente y que he podido experimentar: cuando vas al médico, éste te receta exactamente el número de píldoras que tienes que tomar y la farmacia no te da una caja con cualquier número de ellas sino exactamente las que el médico te ha dicho. 
Lo que uno encuentra en las Españas es lo contrario: el médico te receta una determinada dosis (por ejemplo, dos pastillas durante una semana, es decir, 14 pastillas), vas a la farmacia y te venden la caja correspondiente que resulta tener 18 pastillas que pagas convenientemente o tú o en copago con el sistema público. ¿Qué haces con las 4 pastillas restantes? Pues las tiras a la basura o las guardas hasta que caduquen, como si fueses un ministerio de sanidad cualquiera tratando con vacunas. Es un despilfarro si se suman los excesos de pastillas de cada persona a lo largo del año. ¿Quién gana? Obvio: la empresa farmacéutica. A mí me está pasando estos días con un complicado tratamiento de una semana con pastillas, tres semanas sin pastillas, otra semana con, tres semanas sin y una semana con. El número de pastillas que hay en las cajas no es múltiplo de mis necesidades, así que, efectivamente, tendré que echar a la basura las finales. Así que entiendo que el Ministerio del ramo haya hablado de convertirse a la sensatez ecuatoriana.
Pero no lo ha hecho. ¿Por qué? Pues igual por los mismos motivos por los que los técnicos de la OMS encontraron tan peligrosa la gripe porcina. 
Hay un cosa que llaman leyes del mercado. Pero no se les aplican a quienes tienen conexiones suficientes. Las dichas leyes se dejan para las pequeñas empresas. Para las grandes (y de los sectores que he dicho), eso del mercado es una tontería irrelevante, cosa que se confirma en este post de quien fuera ministro (secretario) de trabajo bajo Bill Clinton: las empresas estadounidenses que obtienen sus beneficios del mercado local hacen una presión sobre los gobiernos diferente a las empresas que obtienen sus beneficios del mercado exterior (básicamente, de la India, la China y el Brasil, los emergentes). No ven de la misma forma los impuestos y la inflación, así que sus lobbies y sus donaciones buscan objetivos diferentes. Pero los buscan. Y, por lo visto, los consiguen. (De paso, ese post es un antídoto contra la visión monolítica de la gran empresa)

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