lunes, 13 de septiembre de 2010

La ciencia de resolver conflictos

Hoy publica El País un curioso artículo con este mismo título y utilizando el consabido truco de crear un enemigo imaginario para así poder destrozarlo mediante el desprecio y el ridículo. Nada original. Se ríe de los que practican una pretendida "ciencia de resolver conflictos". Lo malo es que tal ciencia, efectivamente, no existe. Los muertos que vos matáis... es que no existen. Los muchos profesionales que se dedican a afrontar los conflictos (mediadores matrimoniales, mediadores escolares, mediadores culturales, psicólogos, abogados, politólogos, militares) saben bien que lo suyo no es una ciencia en el sentido en que la física que habla del Big Bang es una ciencia. Todos reconocen que existen algunas herramientas básicas, originadas en las numerosas experiencias de resolver, trasformar o transcender un conflicto, pero que la componente de "arte" es también real. Si se prefiere, frente a la rotundidad de la industria, los practicantes de esas disciplinas (entre los que no me encuentro) se reconocen más en la "artesanía intelectual" de la que hablaron algunos sociólogos del siglo pasado.
Por lo general, los practicantes de esas disciplinas observan qué se ha hecho en otras circunstancias e intentan aprender de ellas sin pretender que lo visto en otros casos se pueda aplicar sin más al caso que tengan en ese momento en frente. No hay enfermedades: hay enfermos. No hay conflictos en general: hay conflictos en particular, lo cual no quiere decir que, como si se tratase de Adán en el paraíso, cada nuevo conflicto sea tratado como si nunca hubiese habido un conflicto en el mundo. Los médicos tampoco lo hacen.
Algo le molesta a nuestro autor en lo que ha debido de leer en algún sitio como para que arremeta de esa forma tan española: despreciar, ridiculizar, insultar. Y le ha tenido que molestar a propósito de lo que está cambiando en el caso de ETA y de lo que diversos autores y en muy heterogéneas sedes (desde Gara a su periódico pasando por Público) han avanzado en la línea de solucionar el problema teniendo en cuenta lo que se ha hecho en otras partes, pero sin pretender (nadie lo ha hecho, que yo sepa) que aquello sirva para esto. La reacción del autor, como digo, es de libro en los instrumentos usados para "destrozar" un enemigo imaginario.
Claro que no hay una "ciencia de resolver conflictos". Es decir, no existe un cuerpo de teorías comprobadas que permitan dar respuestas definitivas del tipo "siempre que A, entonces B". Siempre se trata de movimientos tentativos por unos y otros, siempre abiertos a la producción de efectos perversos y a retrocesos que también son conocidos, pero no por ello aplicables mecánicamente a lo que se está tratando. Y ahí viene lo que tanto me ha extrañado: resulta curioso que, negando como yo la existencia de "una ciencia de resolver conflictos", el autor que cito tenga las ideas tan claras y distintas sobre cómo se puede resolver el conflicto vasco. Debe de ser ciencia infusa, personal e intransferible, porque nadie que niegue una ciencia con tanto ardor se puede atrever a hacer afirmaciones "científicas" de ese calibre.
Pero, en fin, "España y yo somos así, señora", que se diría en En Flandes se ha puesto el sol.

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