lunes, 27 de septiembre de 2010

Huelga expresiva, huelga instrumental

Cuando me doy un golpe puedo mostrar mi dolor con un grito sabiendo que el grito no me va a curar el hematoma. Es la diferencia entre el comportamiento expresivo (que se agota en sí mismo) y el comportamiento instrumental (se ponen medios para lograr fines). Si quiero reducir mi dolor, mejor buscar unos analgésicos que seguir gritando. Claro que el grito me alivia, pero lo que quiero hacer ver es que se trata de dos comportamientos diferentes: el expresivo y el instrumental. Del primero basta con saber qué ha provocado el grito y hay poco que discutir: si duele, duele. Del segundo, en cambio, se puede discutir, una vez conocidos los fines u objetivos, si los medios llevan a dichos fines o no y si hay medios alternativos más eficaces y eficientes.
La comparación no es prueba de nada, sino herramienta para entender algo, en este caso la huelga general convocada en España para el 29 de septiembre: la expresión de desacuerdo con las medidas del gobierno que dicen rechazar no altera significativamente dichas medidas, es decir, no es una huelga instrumental, como cuando el paro se produce para conseguir determinados objetivos (salarios, jornadas, condiciones de trabajo y demás). Pasada la huelga, los líderes sindicales se reunirán con el gobierno y este podrá hacer tranquilamente de su capa un sayo. No queda claro, entonces, desde el punto de vista instrumental, qué puede entenderse por "ganar la huelga": si no hay objetivos, no hay victoria.
Dejemos, pues, los argumentos instrumentales para legitimar esta huelga, a no ser que los objetivos sean otros: debilitar todavía más a un gobierno errático (ya se han levantado voces dentro del partido socialista para que Zapatero no se presente a las próximas elecciones) o justificar el comportamiento igualmente errático de los grandes sindicatos (UGT.  y CC.OO.). Si es así, no vendría mal que se dijese para evaluar después la huelga: ¿consiguió o no consiguió sus objetivos? Me parece que el primer objetivo, de ser el real, se puede conseguir con facilidad (no hay nada más fácil que hacer caer un sistema en equilibrio inestable). El segundo, en cambio, me parece más difícil de lograr a estas alturas.
Y, mucho menos, si los objetivos son unirse a la huelga convocada en otros países europeos para la misma fecha como "enmienda a la totalidad" que no se dice si es instrumental o expresiva.
Pero supongamos, entonces, que se trata, como también se ha leído y escuchado estos días, de una expresión de desacuerdo con aquellas medidas. Si fuese así, no tendrían sentido los piquetes informativos (que coartan la expresión libre) pero tampoco los servicios mínimos más o menos abusivos (que coartan igualmente la expresión, sólo que, en este caso, se trata de evitar la expresión de descontento mientras que con los piquetes de lo que se trata es de evitar la expresión de desacuerdo con la convocatoria de la huelga).
Pero, como con el grito de dolor nunca únicamente expresivo y por lo general con alguna dosis de instrumental, también en esta huelga puede darse una mezcla de ambos. El caso más curioso es el del principal partido de la oposición y futuro gobernante después de las próximas elecciones legislativas, sean cuando sean. Por un lado, tiene que estar a favor de la huelga si de lo que se trata es de debilitar al ya débil gobierno y así ganar las elecciones sin ningún esfuerzo. Se trata del principio "el enemigo de mi enemigo es mi amigo". Sin embargo, por otro lado, tiene que estar en contra de la huelga si lo que esta trata es de expresar el descontento con las medidas que, de estar en el gobierno, habría aplicado el Partido Popular. En este caso, "el enemigo de mi amigo es mi enemigo". El camino elegido por sus portavoces habituales (o con los cerebros de los que el PP es portavoz, que nunca se sabe) es el de denigrar a los sindicatos en general y a sus representantes en particular (el dinero que reciben, cómo se lo gastan y en qué y dónde -hasta en qué restaurantes-), con lo que le objetivo posible de autolegitimarse los sindicatos no se lograría tan fácilmente.
¿A dónde llegamos? Pues a que, en esta maraña, el nudo gordiano lo rompe la opción previa que se haya tomado. No veo muchos "análisis concretos de situaciones concretas" y sí muchas tomas de posición a favor o en contra, generalmente en términos expresivos pero ocultando los instrumentales. Al fin y al cabo, como no son los objetivos habituales de una huelga, se pide que los parados y los jubilados se sumen a la misma, lo cual no deja de ser extravagante: ¿cómo van a dejar de trabajar? La expresión, la veo. La instrumentalidad, no.
¿Debería escribir en el blog el próximo 29? ¿Por qué? ¿Para qué?. 
(Añadido el 28 de septiembre: No se me había ocurrido este posible objetivo de la huelga, a saber, recuperar la confianza del movimiento obrero. Recuperar, dice)
(Añadido el 1º de octubre: Véase este IngNobel que echa por tierra el comienzo del presente post post:

PEACE PRIZE: Richard Stephens, John Atkins, and Andrew Kingston of Keele University, UK, for confirming the widely held belief that swearing relieves pain.
REFERENCE: "Swearing as a Response to Pain," Richard Stephens, John Atkins, and Andrew Kingston, Neuroreport, vol. 20 , no. 12, 2009, pp. 1056-60.)

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