sábado, 4 de septiembre de 2010

El opio del pueblo

Eso decía Marx de la religión. Exageraba. Poco empírico. Hay variantes dentro de cada religión que las hace opiáceas o revulsivas. Depende. Dentro del cristianismo, la teología de la liberación no puede llamarse opio del pueblo. Me parece. Así que no me extraña que sea rechazada por el Tea Party y asimilados (vaticanos incluidos).
Como siempre, hay que elegir muy cuidadosamente la unidad de análisis para hacer algunas afirmaciones.
Pongamos, por ejemplo, el porcentaje de los que dicen que la religión (la que sea) juega un papel importante en su vida. Estos son los resultados de Gallup:

Una vez haya encontrado su propio país, lo lógico es que no acabe de aclararse con este centenar largo de países. De todas maneras, obsérvese que Israel tiene, prácticamente, tantos en un lado como en otro (según el margen de error de la encuesta).
Por suerte, Gallup da una tabla mucho más significativa que esta olimpiada de religiosos y de seculares. Es esta:


A más pobre el país, más importante es la religión en la vida cotidiana para más gente. Y cuanto más rica, más encuestados contestan diciendo que la religión no es importante en su vida.
Pero  se puede complicar la cosa y no por defender a don Carlos que, en esto como en otras muchas cosas, no es defendible como lo hacen sus fundamentalistas (Marx, como es sabido, se saltaba alegremente su propio método cuando se enfrentaba a análisis concretos de situaciones concretas como " El 18 Brumario de Luis Bonaparte" o las crónicas sobre España para el periódico estadounidense que no recuerdo ahora; es decir, y según sus propias palabras, "no era marxista").
La primera variable es la desigualdad. En general, a más rico el país, más igualitario. Cierto que, como dice el informe de Gallup, en la pobreza la religión y la felicidad van más unidas. Pero también parece cierto que en la desigualdad, mayor interés por parte de "los de arriba" para que el orden social se acepte como "natural", como resultado de la voluntad divina. En esos casos, puede darse lo del opio del pueblo. Sugiero leer Huasipungo, la novela del ecuatoriano Jorge Icaza publicada en los años 30, para ver ejemplos de ese uso "marxista" de la religión.
No es cuestión, pues, de riqueza o pobreza sino de igualdad o desigualdad.
Compliquemos. Mi impresión (aunque no he visto datos) en un país como España, relativamente bajo en cuanto a importancia de la religión en esta encuesta, es que dependerá de qué se defina por religión. Si son "fiestas populares", procesiones y romerías, la respuesta será una. Pero si es cumplir con la misa dominical, mi impresión es que se trata mayoritariamente de un fenómeno de clase media-alta. En muchos casos, tan folklóricos aquellos como estos y con un cierto mirar de arriba abajo por parte de los practicantes hacia los no-practicantes. Como folklóricas pudieron ser las referencias a la religión por parte del entonces presidente George W. Bush, al que la historia situará en un buen lugar cuando se trate de listar la infamia.
Pero si se trata de cumplir con los preceptos de Jesús de Nazaret o seguir sus enseñanzas sobre los ricos, servir a Mammón, la justicia, los mercaderes en el templo, la libertad y cosas parecidas, esas clases medio-altas se olvidan de todo eso y se aferran a la cuestión sexual (que, después, resulta que tampoco es que sean muy coherentes en sus prácticas personales) como si ahí estuviese todo el mensaje de Jesús. Que no lo está. No es opio ni para los "populares" ni para los "bienestantes".
También se puede introducir la variable edad y te encuentras que, dentro de una misma orden religiosa, los jóvenes suelen ser más espiritualista y los viejos más comprometidos (eso me dicen, en amigable confianza, algunos de estos últimos).
La frase "la religión (así, en general) es el opio del pueblo", entonces, no tiene ningún sentido. Hay casos en que sí y casos en que no.
Un asunto diferente es el de Hawking. No he leído su texto, pero he leído la alharaca que se ha montado por su  rechazo de la idea de Dios. Creo que no se puede demostrar ni su existencia ni su no-existencia. Me interesan los creyentes y no-creyentes y sus respectivas prácticas. Que exista aquello en lo que creen es secundario. El hecho es que la creencia tiene consecuencias. Que se lo digan a los judíos.



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