jueves, 16 de septiembre de 2010

Cómo lo veo

Mis prismáticos para ver el mundo (zoón theoretikón al fin y al cabo, que diría Aristóteles) no son demasiado complejos. Parto de una conjetura sobre la lucha de clases, a saber, que esta no suele darse con mucha frecuencia por parte de “los de abajo” contra “los de arriba”, sino que lo más frecuente y observable es lo contrario: la lucha de clases de “los de arriba” contra “los de abajo”. Por su parte, “los de arriba” se encuentran suficientemente internacionalizados (a diferencia de “los de abajo”, prisioneros del nacionalismo que se les imbuye y con el que quedan atados) como para haber construido un mundo en función de sus intereses. Pelean entre sí para ver quién es el macho que más mea, pero están arriba y cuando mean dicen que llueve, como sucede ahora con la crisis. 
Ese mundo está maldesarrollado como consecuencia de esa construcción. Maldesarrollo es el efecto estable (es decir, estructural) de aquella lucha de clases y afecta a todas las necesidades básicas y, recientemente, está afectando de modo especial al ambiente, al ecosistema. Este maldesarrollo estructural producido por “los de arriba” internacionalizados tiene efectos, a su vez, sobre la vida de las personas concretas: en la de los que ganan con dicha estructura, por supuesto, y, sobre todo, en la de los que pierden, condenados al Mal Vivir, a la insatisfacción sistemática, constante y severa de sus necesidades básicas entre las cuales no está sólo la de la supervivencia y el bienestar, sino también las de la seguridad (frente a la violencia de todo tipo y, por tanto, también seguridad alimentaria y seguridad social), libertad e identidad.
“Los de en medio” y, raramente, con la colaboración de “los de abajo” (y todavía más raramente, con la única iniciativa de estos últimos) pretenden cambiar de tanto en tanto esa situación de forma reformista o de forma revolucionaria mientras entre "los de arriba" se da de vez en cuando el "quítate tú, que me pongo yo". No sería impensable el “egoísmo ilustrado” de “los de arriba”: cambiar algo para que todo siga igual. Pero tampoco es muy frecuente. 
Uno de los objetivos de esas acciones posibles es el Buen Vivir de las personas concretas para lo cual hay que afrontar la cuestión estructural del Maldesarrollo, sea mediante el desarrollo, el postdesarrollo, la revolución, desconexión o como se vaya inventando sucesivamente. 
La capacidad de actuación de “los de arriba”, sin embargo, no debe ser minimizada: tienen poder económico, remunerativo, pero también capacidad de alterar la percepción de las cosas mediante los medios de comunicación y, en último caso, tienen el poder coercitivo del Estado que, por lo general aunque con interesantes excepciones, sirve como amenaza o como castigo a los díscolos. 
Las combinaciones de los tres poderes (remunerativo, simbólico y coercitivo) en las diferentes arenas políticas hacen que no haya dos situaciones iguales en el mundo. 
Además de ello, hay una combinación de economía, política, cultura y violencia muy particular en el sistema mundial: la del país hegemónico, los Estados Unidos, posiblemente en crisis interna y por conflicto con las élites de otros países (emegentes y no emergentes) que también desean controlar el sistema para su propio beneficio. Pero todas las sociedades (hegemónica, centrales, semiperiféricas y periféricas) vienen “sobredeterminadas” por el Maldesarrollo que impide el Buen Vivir.
Ahí entran los movimientos sociales (movimientos por la paz aunque no se llamen así y movimientos por el buen vivir aunque no se llamen así) cuyo éxito está por ver, pero que, para algunos, son la mejor, si no la única esperanza, aunque su capacidad de producir cambio no debe ser magnificada de manera poco fundada en la realidad de las cosas. La falsa esperanza es muy gratificante pero estéril.

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