domingo, 1 de agosto de 2010

¿Nuclear? No, gracias

Valerie Plame Wilson es una ex-agente de la CIA cuyo trabajo fue hecho público, destrozando su carrera, por parte del gobierno de Bush II como venganza por la falta de colaboración de su marido, diplomático que no quiso "certificar" una de las mentiras en las que se basó la invasión duradera de Iraq. Ahora cuenta en Newsweek que por los días del 11-S supieron que Bin Laden estaba tratando de conseguir una bomba atómica a través de un científico pakistaní. La buena noticia es que, de momento (dice), se está ganando la carrera y los malos no están consiguiendo un arma que (eso no lo dice) los estadoundenses utilizaron de manera terrorista en Hiroshima (el día 6 es el aniversario) y, después, en Nagasaki. Cuando se habla de bombas atómicas son cosas que conviene recordar: los estadounidenses hicieron el experimento científico de soltar dos bombas, en dos ciudades que no habían sido objeto de otros bombardeos, para medir sus efectos (el análisis comparativo es básico en la ciencia) y, de paso, enviar una señal a la URSS, todavía aliado en la II Guerra Mundial pero ya puesto en la agenda de los que iban a ser malos en la Guerra Fría.
El artículo contiene una obviedad que, como suele suceder con muchas otras cosas obvias, se olvida. Y es que si se quiere evitar que una bomba atómica caiga en manos de terroristas (y, añado, que un terrorista de Estado tenga la tentación, científica o no, de utilizarla contra civiles por definición desarmados como los de las dos ciudades japonesas), sólo hay un medio: hacer desaparecer todas las bombas atómicas del mundo, las de los "buenos" y las de los "malos". Como se ve en la tabla que reproduzco del SIPRI, hay trabajo y, una vez más, que sea deseable no significa necesariamente que se vaya a producir un día de estos. 


El gobierno de Irán, ante esta tabla, dice no entender por qué no destruyen las ya existentes y por qué se apoya la construcción de nuevas en los países "buenos". Y la China, sonríe.

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