domingo, 29 de agosto de 2010

Guerra en la sombra

En un informe de Paul Rogers, del Oxford Research Group, se pone al día el problema de Al Qaeda.
Primero, la situación en Afganistán, donde la salida más probable sea aceptar que los talibán entren en el gobierno, presentándolo aquí como una pequeña concesión, aunque en realidad sea una victoria para los insurgentes. Para rematarlo (y nunca mejor dicho), va Karzai y dice que los anuncios de retiradas de tropas han elevado la moral de los talibán (que tienen una lógica diferente a la de Al Qaeda, recuérdese: lo que quieren es recuperar el poder que la invasión les quitó para poner a Karzai).
Después, la situación en Iraq, donde, como muchos otros, opina que la "retirada" es más semántica que real, que va a haber decenas de miles de "contractors" y que el caos por la lucha interna por el poder añade sal a las heridas de una ocupación sin sentido.
Finalmente, la guerra contra Al Qaeda. Entre la "National Strategy for Combating Terrorism", firmada por Bush en 2003 y que ya no está donde estaba (estaba aquí) y lo que ahora se está haciendo hay un cambio notable. En aquel documento se suponía que Al Qaeda tenía una estructura piramidal, con una cabeza en la cúspide y que, si se descabezaba la pirámide, todo se vendría abajo. Ahora, en la práctica, se reconoce que Al Qaeda es una red de grupos distintos, más o menos conectados entre sí, pero que no se pueden afrontar como se suponía en 2003. 
¿Solución? Ataques con aviones teledirigidos, operaciones encubiertas de las Fuerzas Especiales, acciones igualmente encubiertas e igualmente violentas de la CIA en puntos en todo el mundo con población mayoritariamente musulmana. Dice Rogers que estos ataques no suelen tener reflejo en la prensa occidental, ocupada en la guerra de ocupación, pero que en el mundo musulmán son rápidamente conocidos de un extremo al otro gracias a ordenadores y teléfonos inalámbricos, creando la opinión de que los "cruzados" están atacando al Islam, no a Al Qaeda, y generando así fuertes sentimientos anti-occidentales que fácilmente pueden ser conducidos hacia la lucha armada, sobre todo cuando en las operaciones occidentales (Francia también interviene) se producen muertes y destrucción incomprensibles para los que las presencian por ser, en muchos casos, ajenas al enfrentamiento.
Y cuando a mí, ciudadano estadounidense, me matan en el país de origen de mis padres a mis sobrinitos ab-so-lu-ta-men-te inocentes, es comprensible que mi actitud hacia mi gobierno se altere. No extrañe, pues, que en los Estados Unidos comience a preocupar (con independencia lógica, pero no empírica, del racismo e islamofobia existente) la actitud de su propio terrorismo cuya amenaza, a lo que se dice desde el ministerio de seguridad interna (Homeland Security Secretary), ha aumentado y hasta se dice que los Estados Unidos exportan terrorismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario