jueves, 26 de agosto de 2010

Estructura y coyuntura

Un artículo de Foreign Policy me ha hecho recurrir a la distinción. Su autor cuenta que después de tanto tiempo con el problema de ETA, ahora ha resultado que el problema es el independentismo en Cataluña. No me extraña. Hace ya años que publiqué que antes sería independiente Cataluña que el País Vasco. Y las razones eran varias. El uso de la violencia es una de ellas: no sirve, no es un medio que lleve el fin propuesto. La otra era la diferencia entre las condiciones políticas en uno y otro lugar.
Supongamos que se pueden establecer los sentimientos de pertenencia al Reino de España entre los que tienen claro que hay que quedarse dentro y los que preferirían estar fuera y que es posible saber cómo se distribuyen los habitantes de un determinado territorio respecto a esa variable. Y supongamos que aparecen dos situaciones como las del gráfico, la 1 y la 2.
La situación 1 tiene dos puntos en los que se concentran las opiniones o los sentimientos en esta suposición, representados por las letras A y B. Lo que hay entre una y otra es poca gente. En cambio la situación 2 sólo tiene un punto en que se concentran y está situado más cerca de los que se quieren ir fuera (punto C) mientras que D es una opinión residual, tal vez muy intensa por minoritaria, pero no por ello menos residual cuantitativamente.
Ahora introduzcamos partidos políticos que compiten por el voto en una y otra situación. Perece claro que en 1 vamos a tener una situación muy estable. Los partidos "dentristas" no tienen ninguna razón para moverse de sus posiciones en B porque perderían votos (hay menos gente que responda a dicha propuesta a la derecha de B y a su izquierda: luego mejor no moverse y, a lo más, competir entre varios partidos a ver quién es el que mejor representa la opción de B). Lo mismo puede decirse de los partidos que quieren responder a los "fueristas" (no de "fuero" sino de "fuera"). Así que ni los que están en torno a A ni los que están en torno a B van a tener ningún motivo para cambiar de posición... aunque tal vez sí de los medios utilizados para defenderla. Y, progresivamente, una parte de los que están en A van a reconocer que la violencia no lleva a sus objetivos, así que hay que entrar en el juego político. Por otro lado, la suma de votos de los partidos en torno a A va a ser muy parecida a la de los votos en torno a B, así que habrá oscilaciones de gobierno entre A y B. 
Vayamos a 2. Ahí parecería claro que (casi) todos los partidos van a ser más o menos "fueristas" y competirán por ocupar dicho espacio, C, dejando D para los "dentristas" con poca aceptación local pero suficientemente enfervorizados como para mantener sus pequeños porcentajes de voto relativamente estables.
Y ahora vayamos a la realidad, porque lo de antes es una simplificación de la estructura electoral de 1 y 2. La coyuntura, la que está cayendo, hace que algunas cosas se muevan.
En 1, un cada vez más claro propósito de abandonar el uso de la violencia por parte de los abertzaleak radicales. Si desde Madrid no hubiera (por motivos igualmente electorales, pero no para el territorio del País Vasco sino para el conjunto del Estado) un predominio de la opinión de que "o victoria o nada", la solución al tema de la violencia estaría próxima. Cierto que ETA tiene un enorme déficit de credibilidad después de sucesivas treguas-trampa con González, Aznar y Zapatero. Pero no tienen otra salida que dejar las armas y pasarse a la política electoral y a la educación en el nacionalismo según sus ideas. El argumento españolista es que si se les deja entrar a la política, volverán a tener subvenciones y podrán rearmarse. Curiosa idea de lo que es entrar en política, por cierto. Espero que no sea la que practican los españolistas.
Pero ahora (como antes) el problema es Cataluña. Estoy convencido de que los sucesivos gobiernos han sabido que en el País Vasco un referéndum sobre la independencia se perdería, es decir, ganarían los que quieren seguir dentro o quedaría en un empate complicado de gestionar. Si se han negado a la pequeña modificación de la Constitución para poder convocarlo no era por el País Vasco: era por Cataluña, donde, bien planteado, con "seny", se podría ganar si mi gráfica es correcta.
Pues bien, no hay nada que exalte más el nacionalismo (el "fuerismo") que sentirse atacados por el exterior. Y el hecho es que el parto de los montes de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía catalán no ha hecho, y eso lo ve el  articulista que cito al principio (siempre viene bien ver estas cosas "desde fuera"), sino agudizar el "fuerismo". 
Tengo amigos tanto "fueristas" como "dentristas" en un sitio y otro. Observo que los "dentristas" vascos están más relajados aunque sin llegar a aquel día que pasé en Bilbao al día siguiente de la declaración de la última tregua (estuve a punto de cambiar el tema  de mi conferencia, pero me contuve). En el caso catalán, son sobre todo los "fueristas" los que andan arremolinados. 
Claro que en ambos sitios y en el resto del Estado hay motivaciones electorales y cálculos muy meticulosos de "cuánto ganamos aquí que compense lo que perdemos allí". Pero también los hay en el País Vasco y en Cataluña. En el primer caso, hay un esfuerzo para difuminar esa dichosa dimensión dentro-fuera en el debate político. No así en el segundo donde, en vísperas electorales y con la idea de los "dentristas" locales de que no hay nada que hacer visto lo que su partido gana en el resto de las circunscripciones oponiéndose al "fuerismo" catalán, los partidos políticos compiten en ver quién es más "fuerista" y en qué. Y esa es la coyuntura, a la que se añade la necesidad del partido en el gobierno de Madrid de que sus presupuestos sean aprobados, para lo cual parece que sólo le queda la alianza con... los "fueristas" vascos, los de "Dios y Ley Vieja". Entretenido.

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