domingo, 8 de agosto de 2010

Cuba

Un amigo latinoamericano de izquierdas, de esa izquierda que critica la situación cubana actual (a no ser que por izquierda se entienda "estar a favor de cualquier cosa que decida la actual dirigencia cubana"), me hace llegar un artículo de Haroldo Dilla Alonso, científico social cubano, marxista y exiliado. Como siempre, me interesan (sean o no ciertas) las perspectivas sobre una situación considerando que hay diferencias de clase entre "los de arriba" y "los de abajo", con independencia de la propiedad privada de los medios de producción, asunto más bien secundario. Y del mismo modo que el "sentimiento nacionalista" hay que verlo también desde una perspectiva de clase, un caso como el de la Revolución tiene que verse igual, con independencia de que la retórica oficial (como sucedía en los países de la antigua órbita rusa) niegue la existencia de las clases una vez abolida la propiedad privada de los medios de producción (en el caso cubano, además, porque se trata del retorno de la propiedad privada de los medios de producción y no sólo en manos extranjeras).
Como soy de los que piensa que la lucha de clases más importante es la que se produce por parte de "los de arriba" contra "los de abajo" y que la contraria es un fenómeno más bien raro en la historia de la humanidad, me interesa lo que el artículo que cuento aventura sobre los intereses de clase de "los de arriba" en la Cuba actual. El autor los divide en dos grupos: los tecnócratas en torno al ejército y los "apparatchiks" del Partido. En términos de Djilas, ahí estaría "la nueva clase", con sus facciones internas (las versiones monolíticas suelen ser sospechosas de falsas).
Del mismo modo que el aparato del Partido Comunista Chino aprendió de los errores del Partido Comunista de la Unión Soviética a la hora de mantenerse en el poder, parece que los tecnócratas han aprendido de qué sucede cuando un sistema (el del antiguo Comecon) se viene abajo: que los bien situados pueden seguir arriba. No sucede como con el cerdito Napoleón en Rebelión en la granja (Animal farm) de mi siempre citado George Orwell, que hace la revolución para sustituir al granjero en la explotación del animal por el animal (que "todos son iguales, pero algunos son más iguales que otros"). Se trata de los tecnócratas que se aprovechan del desmantelamiento de empresas y sectores para ocupar posiciones de poder (económico) en la nueva situación, con o sin el acuerdo con sectores cubanos en el exilio (acuerdos que, haberlos, háylos) o con sectores del capitalismo extranjero en general (el español entre ellos, pero también el canadiense o el italiano). Son los más interesados en el cambio porque ya ocupan buenas posiciones de partida.
Sin embargo, los burócratas del Partido, que están acostumbrados a esa corrupción que ya denunció Fidel hace años, prefieren que todo siga igual porque saben que saldrán perdiendo "cuando se cumplan las previsiones sucesorias" (conservador es el que defiende el estatus quo -es decir, el propio poder- aunque los tecnócratas sean como el Tancredi del Gatopardo que creen que para mantener su poder hay que cambiar muchas cosas).
Los que conocen la situación más allá de las soflamas anticastristas o beatamente castristas, intentan interpretar la reciente aparición de Fidel Castro para hablar de la guerra con Irán y otras cuestiones internacionales como una forma de enviar mensajes mediante lo que no dice: toma de posición por los conservadores del Partido y no por los "liberales" de la tecnocracia.
En ese contexto hay que situar la liberación de presos (mi amigo se pregunta que si eran culpables, por qué los liberan, y si eran inocentes, por qué los encarcelaron) y la negociación con una Iglesia católica que los observadores "de dentro" saben que es una institución débil por lo fácil que ha sido chantajearla (y las insinuaciones se dejan en suspenso). Ahí la interpretación es más complicada y soy uno más de los que no acaban de entender el significado exacto de la movida. Pero insisto en que sin análisis concretos de situaciones concretas y con una perspectiva de clase, difícilmente se puede entender qué sucede allí. La alternativa es el empecinamiento anti o pro que tal vez sirva para la política, pero que no sé si con ello se consigue lo que se está pretendiendo.

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