jueves, 29 de julio de 2010

Tauromaquia

En el único telediario que vi ayer en las Españas, la noticia de apertura fue el voto en Cataluña contra las corridas de toros, noticia que duró 17 minutos, más que cualquier otra minucia que estuviera sucediendo en la economía, política o sociedad local o mundial.
Cuando yo era niño, en el valenciano que yo hablaba se decía "plaça de bous" para la plaza de toros y "correguda" para lo que allí hacían los toreros. No sé cómo lo llamarán ahora (están locos estos valencianos), pero me hace gracia oír "plaça de toros" (pronunciado "toros" a la catalana, es decir, "torus") y "corrida" en boca de los políticos catalanistas.
Los que han votado a favor de prohibir los toros ("torus") en Cataluña se quedan cortos. Tendrían que prohibir (y no han querido hacerlo) el "toro embolado", esa salvajada, común con la Comunidad Valenciana, que consiste en ponerle al toro sendas bolas de brea al final de sus cuernos, prender fuego a las bolas y soltar al pobre animal para que recorra el pueblo con gran alegría de los paisanos que disfrutan viendo sufrir al animal. Y, ya puestos, tendrían que prohibir esa salvajada que consiste en embutir a las pobres ocas hasta hacerles reventar el hígado que se convierte así en exquisito y salvaje "foie de canard". El argumento de que al "toro embolado" no se le mata puede pasar, pero a la oca sí que se la mata y su foie-gras consumido.
Los que, como la lideresa de Madrid, han defendido a los toros y han atacado el "liberticidio" perpetrado en Cataluña, tendrían que explicar por qué han prohibido las salvajes peleas de perros o gallos y el tiro de pichón en su Comunidad, caso evidente de "liberticidio" y, sin embargo, fomentan la libertad de las dulces, cultas y tradicionales corridas de toros en Las Ventas.
Lo que más me molesta en este asunto no es tanto el bombo que se le está dando a un asunto que no es la primera vez que se plantea en las Españas (las corridas -de toros- ya estaban prohibidas hace años en Canarias y nadie dijo nada de la fiesta nacional, la libertad, la cultura, la tradición y todas esas cosas, porque la correlación de fuerzas políticas era otra, no por el peso de los argumentos). Lo que me molesta es que no se quiera decir de qué se está discutiendo realmente. Es decir, que no se quiera ver que se trata de las próximas elecciones en la comunidad autónoma de Cataluña y no de saber si un parlamento tiene derecho (parece que lo tiene) a legislar sobre lo que se puede y lo que no se puede hacer en su territorio. Por ejemplo, se puede prohibir fumar en locales públicos o se puede obligar a llevar el cinturón de seguridad en los coches. Se vota, se aprueba y ya está. Los contrarios (fumadores empedernidos, "libertarios" al estilo de José María Aznar) tienen que someterse a la ley aprobada aunque la rechacen. Como aquí: una mayoría ha aprobado una cosa (con la que, confieso, estoy de acuerdo) y otros (dentro y fuera de su territorio) están en desacuerdo. Los juicios de intenciones ("lo han hecho porque pretenden tal o cual cosa", que es una suposición verosímil, pero no deja de ser suposición) y el tacticismo electoral ("rascaremos votos allá donde se pueda") sobran. Bueno, sobrarían, porque el caso es que es lo que más abunda.

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