viernes, 30 de julio de 2010

El derecho al agua en mi egoteca

Un amigo latinoamericano, activo promotor del derecho al agua, me envió esto:
La Asamblea General de las Naciones Unidas en su reunión de hoy 28 de julio de 2010, aprobó que el agua y el sanemiento son un derecho humano. (...) Este es un gran triunfo de los pueblos del tercer mundo y de todos las personas comprometidas en que el agua sea para todos. Un gran abrazo y una felicitación a nuestros hermanos bolivianos, portadores de la iniciativa.
Le contesté:
 También la tortura viola un derecho humano básico y se practica con bastante soltura en medio mundo... Cierto que es un paso de gigante, pero no hay que darle más importancia que la que tiene: simbólica.
Y, a su vez, me contestó:
 (E)res es un jodido inconformista... lo peor es que lo entiendo, pero me resisto a aceptarlo. Hemos perdido tantas y tan repetidas veces que no sabemos ganar. Por eso cuando se logra algo, muchas veces histórico como lo del agua, enseguida le buscamos la quinta pata al gato a través de la crítica (somos campeones en criticar) o resaltamos lo mucho que nos falta. Es cierto que falta mucho, hermano, quizás todo, pero si creo que debemos aprender a disfrutar de los logros que conseguirmos, por más pobres que nos parezcan los avances que se den. (...) 
Este fue uno de los temas de reflexión esta mañana cuando dí una conferencia sobre el buen vivir y la economía a un grupo de dirigentes indígenas de las tres organizaciones: CONAIE, FEINE y FENOCIN, que trabajan para unirse... ya lo han logrado con éxito en otra ocasiones, por ejemplo en enero del 2001... pero claro no faltó algún "Tortosa" esta mañana, que incluso decía que sería mejor desorganizarse y desunirse más para luego, cuando estemos realmente jodido, valorar lo que significa la organización y la unión.


Y yo le contesté:
Sé que tienes razón. Lo reconozco y lo recontrareconozco. Por eso, por mi incapacidad, es por lo que nunca he tenido la tentación de pasar a la política activa de partido: sé de mi inutilidad e incapacidad. Galtung me lo ha echado en cara muchas veces: mi peligro de ser positivista de tan empirista que suelo ser. Su metáfora es la siguiente: si tienes un mapa marino y te encuentras con un arrecife que no está en el mapa, puedes negar que exista (la teoría sería más importante que el dato), puedes intentar dar una vuelta para no chocar (salvas la teoría y el dato) o puedes dinamitar el arrecife cambiando el dato y mandando a paseo a la teoría (el mapa). 
Y por eso admiro a los que son capaces del "pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad". Esto último es lo que me falta y no es cuestión de desearlo ardientemente para así conseguirlo. Eso sería "omnipotencia de las ideas", que decía el loco del Freud: no por desear algo ardientemente, ya por eso se consigue. Es infantil. Pero lo contrario, lo de los "tortosas maduros", no es mucho mejor. Lo sé.
Volviendo al agua: claro que es histórico. Y claro que es un paso adelante. Pero los periódicos de hoy hablan de pasos atrás (y en las Españas va a ser interesante ver qué hacen algunos en el tiempo libre que les deja discutir de toros). Tú te pones a trabajar para que esos pasos sean adelante. Yo me quedo constatando que ha habido pasos atrás. Hermano: coincidimos en muchas cosas, pero esta es probablemente la que más nos diferencia. A tu favor, por cierto. Pero, en buen empirista, tengo que constatar mis propios datos, los de mi comportamiento. Y reconozco que es un defecto. Pero no lo voy a negar en aras del narcisismo de todo académico.
Es mejor que existan esos derechos a que no existan. Pero su existencia no es causa de comportamientos ulteriores. Mi alcalde, por ejemplo, no me arregla el saneamiento de mi calle y, por eso, la casa se me inunda todos los años. Dixi, et salvavi animam meam.

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