jueves, 8 de julio de 2010

Corrupción en Alicante

En un nuevo probable caso de corrupción que, como mandan los cánones, afecta a políticos y empresarios (la corrupción es cosa de dos), asisto, con estoicismo menguante, al modo con que cada parte, en buena práctica de abogado, toma los datos que le interesan para defender su causa, emborrona los que no la sirven y se inventa argumentos improbables (poco probables) para rellenar los huecos. Las tertulias radiofónicas nocturnas, además de la exaltación futbolera, no paraban en tales empeños y ya se sabía qué iban a decir unos y otros, cosa que repetían machaconamente. Unos, planteaban los problemas de la (in)justicia y otros los de la corrupción. He decidido no volver a sufrir tales insultos a mi inteligencia, que no es mucha pero no por ello inexistente. Escucharé música por las noches.
Pero ¿por qué mi estoicismo es menguante? Pues porque no he escuchado nada (y estoy seguro de que hoy no voy a leer nada), pero nada de nada, sobre el qué hacer para resolver los problemas de la (in)justicia y qué hacer para evitar que se sigan dando casos de corrupción como los que ayer ocupaban buena parte de la geografía política peninsular e islas adyacentes. Comprendo que los políticos se dediquen a sus politiquerías y que sus palmeros mediáticos les sigan la corriente, pero me encantaría que en lugar de decir frases ingeniosas (o, como digo, insultantes para la inteligencia) y echarse las culpas unos a otros y buscar interpretaciones retorcidas sobre las intenciones de la otra parte, en lugar de todo eso, me gustaría que resolviesen los problemas para los cuales han sido elegidos: una administración lo más justa posible de la justicia y menos "partidista" y una administración de los bienes comunes de la manera más trasparente y limpia posible. No es mucho pedir, pero, escuchado ayer y suponiendo que leeré hoy, no hay nada en tal dirección. Lo que importan son las elecciones, es decir, el puesto de trabajo (y más que trabajo) de los políticos. No aquello para lo que, en teoría, son elegidos. Uno tiene que recordar cómo fustigó el Partido Popular la corrupción del PSOE (los rojos) y cómo el PSOE subraya las tentaciones autoritarias de lo que llaman "derechona" (los fachas).
¿Cómo se sale de ésta? Hay malas salidas. Y cuanto más insistan en sus politiquerías, peores para todos.

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