martes, 20 de julio de 2010

Buen morir

Son dos cosas diferentes. Una es la calidad de muerte que puede proporcionar un país. La Economist Intelligence Unit lo ha calculado para una cuarentena de países con una veintena de indicadores que se encuentran en la página citada. El resultado, en la habitual olimpiada de mayor calidad a menor calidad y con la igualmente habitual posible discusión de todos y cada uno de los indicadores utilizados, es éste:



Cierto. Son países o enriquecidos o emergentes con alguna excepción. Faltan muchos, hasta llegar a los casi 200 que hay en el mundo. Y no plantean el espinoso asunto de la mortalidad y la esperanza de vida, que todavía discrimina más a los países.
Pero otra cosa es la calidad de muerte personal. Hace muchos años Johan Galtung había establecido estas líneas generales:
  1. La edad. Una muerte de calidad es la que se produce cuando el ciclo vital ya está completo. Puede aceptarse, en algunas culturas con muy alta mortalidad infantil, que la muerte de un niño es muerte de "angelito", como sucedía en la Cochabamba de mi juventud. Pero morirse en plena madurez, con responsabilidades todavía no cumplidas, es signo de mala calidad de meurte.
  2. Tiempo. Una muerte de calidad no debe producirse ni de manera súbita ni de manera interminable. Las muertes por accidente o por asesinato son de tan mala calidad como esas muertes lentas, interminables, que destrozan a la familia y a los cuidadores. Tener un tiempo para arreglar las cosas, despedirse y asumir lo que viene, es un indicador de calidad de muerte.
  3. Causas. Una muerte de calidad no debe deberse a una única causa. Si se trata de enfermedad, siempre queda la duda de si se podía haber hecho algo más. Si se trata de accidente o asesinato, tiene un carácter trágico adicional que reduce la calidad. Es mejor una muerte por varias causas, inexorable, inevitable. Eso sí, con un mínimo de cuidados paliativos (que es lo que hace que el Reino Unido esté el primero en la lista del Economist).
Las muertes en los países enriquecidos recogidos en esa estadística no son necesariamente de mejor calidad que las muertes en los países empobrecidos. Pero no hay datos sobre la única cosa de la que hay certeza: la muerte. Es tabú en muchas sociedades y en muchos contextos. Y se puede hacer relativamente poco negocio con ella (funerarias, cementerios, lápidas, floristerías -en otras culturas se lleva arroz que el difunto se comerá de la misma forma que el difunto europeo olerá las flores-). Mejor, entonces, hablar de calidad de vida, que ahí sí que hay negocio, y hasta de Buen Vivir como alternativa al "desarrollo" dominante. Pero no estaría de más no olvidar el Buen Morir. Es más cierto.

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