martes, 6 de julio de 2010

Agencias calificadoras de riesgo

No se me había ocurrido, pero resulta  que con la nueva ley estadounidense los ciudadanos pueden llevar a los tribunales a las agencias que con "ratings" equivocados hayan producido pérdidas en quienes les haya creído. Una de las consecuencias podría ser que dichas agencias comenzasen a calificarse mutuamente y más sabiendo de las fantásticas meteduras de pata cometidas por algunas de ellas. Recuerdo lo dicho: las calificaciones que proporcionan estas agencias son parte del juego, es decir, pueden tener intereses colaterales en que determinados valores públicos o privados caigan porque han hecho, por empresas subsidiarias, sus apuestas de futuros. O pueden tener intereses geopolíticos muy determinados para mantener un determinado orden mundial. O, en todo caso, saben que lo que digan formará parte de la mente de quienes tienen que tomar decisiones económicas muy rápidas y no tienen tiempo de ponerse a leer prensa y periódicos y se fían de ellas. Si dicen que algo va a caer (y no había ninguna razón para afirmarlo) y eso cae, podría ser efecto de la misma predicción: profecía que se autorrealiza. Su problema, entonces, es la credibilidad. Y como hay competencia entre ellas para ver cuál es la más creíble, nada mejor que se califiquen mutuamente. O, mejor,  que se encarguen mis amigos Gudynas, Acosta y compañeros, que ya han ensayado medidas alternativas del riesgo-país y las actualizan, para que sean los que, por encima de ellas, las evalúen. Pero eso sería pensar que el mundo se mueve por racionalidad y que la transparencia es constitutiva de los mercados. 
Como en tantos otros casos, es que, "no es la economía, estúpido".

No hay comentarios:

Publicar un comentario