lunes, 3 de mayo de 2010

El sueño de la razón

Un amigo me ha enviado un terrorífico video en el que se ve cómo se lapida a una mujer. Más parece un linchamiento, aunque algunos detalles me dejaron inquieto: que se le tapara el trasero para hacerle una foto con el móvil, que se le moviera la cara para lo mismo y, sobre todo, el tipo de música que acompaña a los hechos (que no he sido capaz de individuar ¿Pakistán, tal vez? ¿La India?) y el texto con que finaliza el video (supongo que es árabe, pero igual podría ser farsi -que no sé si se escribe igual, pero que me permite pensar en Afganistán, Irán, pero no en las Filipinas o en Indonesia). 
Mi primera reacción ha sido el de verlo como un caso más de propaganda islamofóbica, lo cual no quita lo horrible que es el caso, pero siempre desconfío del uso que se hace de casos reales para llevar el ascua a la propia sardina. Mi segunda reacción ha sido la de intentar descubrir qué es exactamente lo que allí estaba sucediendo. Creo, como digo, que es un linchamiento en el que una masa enfurecida lanza piedras contra la mujer indefensa y alguna de las piedras, muy grande, directamente contra la cabeza de la misma. Hay suficiente literatura sobre estos enloquecimientos colectivos como para no ver qué es lo que sucede. No parece que sea "porque" no va vestida decentemente (eso sí, lleva falda corta), sino "porque" ha hecho algo que la comunidad juzga ab-so-lu-ta-men-te rechazable (secuestro, robo, hasta violación; no creo que sea adulterio, aunque no puedo excluirlo).
Sin embargo, me sigue impresionando más el video que cité hace unos días en el que sucesivos viandantes pasan junto a alguien que está agonizando y no hacen el mínimo gesto de ayuda. Incluso hay quien le saca una foto con el móvil. Los deambulantes no tienen por qué saber que el moribundo lo está por haber intentado ayudar a un prójimo. Lo que saben es que está muy mal y sangra. Pero ése es el problema del que está tirado en el suelo, no del que lo ve al pasar que para nada se siente involucrado.
No me impresiona tanto la reacción animal del linchamiento, aunque esa brutalidad de la amígdala podría ser controlada por la neo-corteza cerebral con algo de educación y formación. Somos animales y tenemos ese tipo de estanpida doblemente irracional. Lo que me impresiona de la frialdad ante el necesitado es que, además de animales darwinistas que luchan por la existencia sabiendo que la supervivencia será del más apto y que el menos apto debe ser sacrificado, somos animales solidarios: no habría evolución si no hubiese ayuda mutua dentro de la especie. Por suerte la hay, y por eso sobrevivimos como especie. Pero por desgracia hay casos en que no la hay y el temor es que crezcan y se difundan, igual que crece el desinterés práctico (no retórico) sobre las condiciones de supervivencia de la especie, es decir, las condiciones climáticas del Planeta. No sólo absoluta frialdad sino abudante dinero no para la evaluación científica del riesgo (que la hay) sino para el negacionismo, la mera negación agarrándose a los detalles más irrelevantes y apartándose de las reglas mínimas de la investigación.
Más impresionante que un linchamiento es la absoluta frialdad con la que se planificó la "solución final" para el "problema judío", es decir, el Holocausto, la shoah. que también tiene su negacionismo E igualmente impresionante es la frialdad con la que se planifica la "solución final" para el "problema palestino", es decir, lo que se inició con la nakba que se conmerorará dentro de unos días. En este caso, el negacionismo se provoca mediante la acusación de "antisemitismo".
Efectivamente, el sueño de la razón produce monstruos.

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