martes, 16 de marzo de 2010

Progresistas y populistas

Encuentro este artículo en el New Yorker con el mismo título. Se refiere a fenómenos que se están produciendo en los Estados Unidos donde una situación económica adversa está dando pie a la aparición de movimientos populistas (mujeres como Sarah Pallin o Liz Cheney estarían en la lista). Como sucedió en otras ocasiones y países, el descontento generalizado ante una mala racha busca dónde encontrar un objeto sobre el que descargar la agresividad que produce la frustración. Y esas movilizaciones (como la del IVA en la Comunidad de Madrid, bajo otra mujer, Esperanza Aguirre) son comprensibles, mientras los "progresistas" (mantendo el vocabulario del artículo que cito) no acaban de encontrar tema, objetivos, medios y lenguaje. Porque los "progresistas" no tienen que ser necesariamente los Wandervögel de antaño, los "alternativos" que se refugian en su pequeña comunidad de "alternativos", cargados de razón y autocomplacencia, creyendo que con eso están cambiando el mundo que los populistas sí están cambiando poniéndose a surfear siguiendo la ola depresiva casi mundial. Algo así como hicieron en su día Ronald Reagan y Margaret Thatcher: cambiaron el mundo, a peor para muchos, a mejor para unos pocos.
Escrito lo que antecede, me encuentro con este final del blog de Martínez Abarca que encaja con lo dicho sobre los "progresistas" de clausura, cargados de razón y autocomplacencia:
Quien se mantenga en su convento de clausura podrá quedarse encantado con el sabor de los dulces que vende, pero no se enterará de que ahí fuera las cosas se mueven. La clausura facilita un buen estado de ánimo, pues no hace falta amoldarse a la realidad material si la muralla que nos separa de ella es compacta. Pero la realidad, mientras, avanza, y las monjas de clausura se sienten en comunión con el mundo mientras el mundo pasa de ellas.
Excelente. Que lo dijese yo sería sospechoso aunque, una vez más -y en dicho blog también se hace referencia a ello-, lo importante no es quién lo dice ni su adscripción ideológica (ni los votos que tiene detrás) sino que lo importante es saber si tiene razón, se se adecua a la realidad de "ahí fuera" y es el medio que podría llevar al fin que se dice perseguir.

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