sábado, 6 de marzo de 2010

Ejemplo para los niños

Guste o no guste, ahora sabemos que destacados miembros de gobiernos pasados (estadounidenses, ingleses, españoles y hasta "europeos") mintieron. Mintieron descaradamente y se quedaron tan tranquilos, impávidos, insensibles, sin atisbo de arrepentimiento. De Tony Blair lo tenemos documentado mientras sigue la comisión parlamentaria para dejarlo todavía más evidente, de Durao Barroso no lo tenemos tan claro aunque reconoce que "le engañaron" en las Azores (en todo caso, habría mentido diciendo que no tenía nada que ver con el trío que, efectivamente, era un póker), de José María Aznar aseverando lo que sabemos que sabían falso tampoco hay duda. Pero el campeón de las mentiras fue el gobierno de George W. Bush comenzando por aquella bochornosa intervención de Colin Powell en Naciones Unidas presentando las "evidencias".
Un reciente libro de Karl Rove aporta detalles a un caso secundario pero no por ello menos significativo: el de Valery Plame, la agente de la CIA que trabajaba de tapadillo en la Casa Blanca y cuyo oficio fue publicado gracias a un chivatazo interno, chivatazo que se hizo para castigar a Joseph Wilson, su marido, que insistía en que no había encontrado indicios de aprovisionamiento nuclear por parte de Sadam Husein, que era la "verdad" oficial. Todo un entramado palaciego de insidias, venganzas y cara dura al afirmar que el líder "no sabía nada". Scott Libby no se salvó de aquella trama, pero todos los demás se han salido de rositas. Y, peor, limpios de polvo y paja de aquel error, qué inmenso error, de ocupar Iraq para no se sabe bien qué, asunto en el que mantienen la táctica de "sostenella y no enmendalla" pero sin explicar con qué argumento se emperran en la "bondad" de tal decisión que no vaya más allá del ego hinchado de cada uno de ellos, cosa más que evidente, por otro lado. Vaya egos, ciertamente. Arrogancia, prepotencia, endiosamiento... Pero no es, para mí, lo más importante. La catadura moral de estos líderes mundiales me preocupa, pero es agua pasada. Lo que me preocupa es saber si los líderes actuales están a su altura y temo que lo estén al ver cómo se ocupan en que las cosas se vean de una determianda manera con independencia de cómo son realmente. Su obsesión con las relaciones públicas y los jefes de prensa indica que quieren seguir los pasos de sus antecesores: mintiendo. Pero aún así, podría poner ese problema entre los importantes, algo más importante que el anterior, pero menos que el siguiente: el problema que a mí me preocupa es cómo ha goteado este ejemplo al resto de la sociedad que ya sabe que hay que mentir, hay que ir a codazos y lo que importa es que no se vea y si se ve, repetir el consejo kantiano "fac ac nega", hazlo y niégalo (el problema, por lo que se ve, no es nuevo).
El artículo en el que viene la referencia del libro de Karl Rove incluye, hacia el final, este párrafo que podría dar escalofríos:
What's the moral of this tale? A top White House official can lie about a national security investigation with impunity and then go on to make money writing a book showing that the president didn't care about this lie. Don't share this lesson with your children.
¿Cuál es la moraleja? Un alto cargo de la Casa Blanca puede mentir sobre asuntos de seguridad nacional, hacerlo con total impunidad y, encima, ganar dinero con un libro en el que se muestra que al presidente no le preocupó tal mentira. No compartas esta lección con tus hijos.
El problema es que los hijos ya lo saben y, probablemente, van a sacar sus consecuencias. Como el taxista que ayer, en Barcelona, mientras esperaba el taxi que había llamado el hotel, me sugería que subiese al suyo y no esperase al del compañero, cuando lo más probable es que, de saber que iba a la estación de tren y no al aeropuerto, me hubiese rechazado como pasajero. El problema es el "trikle down", el goteo de inmoralidad de una élite corrupta hasta el fondo (el poder absoluto, maquillado por gabinetes de comunicación, corrompe absolutamente). Cuando toda la sociedad esté al nivel de sus líderes, mezcla de Berlusconi, Bush, Putin y Chávez, habremos vuelto al "bellum omnium contra omnes" de Hobbes: a la guerra de todos contra todos. Espero que me pille ya incinerado.

2 comentarios:

  1. A mis alumnos en lugar de decirles que espero que me pille incinerado les digo que espero que me pille en un banco de un parque sonríendo y evolucionado después de haber aprendido a hacer la fotosíntesis. Igual les suena menos pesimista. :)
    ES cierto los que mandan pueden chorrear ideología, formas de vida y muchas otras cosas, alguna gente buena queda eso no lo dudes.

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  2. Cierto que hay mucha gente buena. No lo dudo. Lo que dudo es que puedan compensar a la gente mala.

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