domingo, 7 de marzo de 2010

My Lai II, III, IV etc.

En el Vietnam de 1968, un grupo de soldados embrutecidos por la batalla masacraron a todos los habitantes de un poblado, mujeres y niños incluídos. El asunto podría haber quedado impune (aunque es un delito según las leyes de guerra), pero hubo soldados y periodistas que lo publicaron y el cabecilla de los asesinos fue castigado.
La pregunta que se hacen algunos ahora (y que contestan) es cuántos My Lai hay ahora en Afganistán. Muchos son etiquetados como "accidentes", otros como "daños colaterales", pero la lógica de la guerra fomenta estos enloquecimientos colectivos en los que los soldados, como en la "violación de Nanjing" de 1937 (200.000 chinos asesinados por el ejército japonés, 20.000 violaciones para "reposo del soldado" en seis semanas), se dedican a matar y violar todo lo que encuentran por delante. Y esa lógica es una lógica aplastante y nunca mejor dicho. La guera, efectivamente, es algo terrible que los militares conocen y los civiles belicistas parece que no consideran. En el primer gobierno del segundo Bush, los halcones eran civiles y la paloma era el militar.
No es fácil (aunque no es imposible) que el ser humano encuentre placer en matar a sus semejantes, pero si 1.- no son semejantes sino "inferiores" (moros, chinos, vietnamitas); 2.- se está en un grupo -el pelotón- que entra en dinámicas de enardecimiento; 3.- tienen un líder que es aceptado como tal y lo ordena; y 4.- llevan ya un tiempo en el campo de batalla como para haber reducido la sensibilidad humana que se les podía suponer; pues los My Lai se hacen comprensibles, lo cual no quere decir que se conviertan en justificables.
Afganistán (como Pakistán) proporcionan otra causa posible para los My Lai: los "drones", es decir, la posibilidad de matar sin ver a la víctima (verla, en muchos casos, inhibe la pulsión asesina). Pero no ver a quien vas a matar puede favorecer la matanza indiscriminada, que, como digo, será llamada "accidente" o "daño colateral", que es como se llama al asesinato de los asistentes a una boda confundidos con peligrosos talibán. No invento: recuerdo.
Y que haya quien afirme que este despliegue militar tiene como razón última el deseo de reactivar la economía (estadounidense, por supuesto) en un nuevo ejercicio de keynesianismo invertido y pervertido...

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