viernes, 19 de marzo de 2010

Marxismo religioso

Esto encuentro en un texto de "Malime" sobre el Estado y la revolución en 2010:
En 1907, publicó Mehring en la revista "Neue Zeit" (XXV, 2, pág. 164) extractos de una carta de Marx a Weydemeyer, del 5 de marzo de 1852. Esta carta contiene, entre otros, el siguiente notable pasaje:
"Por lo que a mí se refiere, no me caben ni el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna, ni el de haber descubierto la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de las clases. Lo que yo aporté de nuevo fue demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción (historische Entwicklungsphasen der Produktion ); 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases".
Ningún problema con 1). Las clases, en su sentido, no existían bajo el imperialismo inca o el azteca, tributarios o "asiáticos", y reconocer la existencia de la lucha de clases (sobre todo la de "los de arriba" contra "los de abajo") no convierte a nadie en marxista... necesariamente. El problema comienza con 2) y ese "necesariamente" propio del cientifismo de Marx que creía (como los neoclásicos) haber descubierto leyes universales tanto en el sentido de que se aplican a cualquier caso como en el de que se aplican a cualquier espacio. De momento, el 2 no se ha cumplido a no ser que se entienda por "dictadura del proletariado" lo que hubo en el imperio ruso o se da ahora en la China, Vietnam, Corea del Norte y Cuba, es decir, dictadura de un partido (llámese como se llame). Así que, según el texto, queda todavía un tiempito para pensar en la posibilidad de que produzca el 3).
Es interesante, de todos modos, la propensión a abordar el marxismo como si fuese una religión (monoteísta, con su Mesías salvador -el proletariado- y su paraíso de fin de la historia -la sociedad sin clases y, por tanto, sin Estado-). Tenemos un texto sagrado, tenemos exegetas que nos dicen cuál es la interpretación correcta del texto sagrado, tenemos organizaciones que se legitiman por su referencia al texto sagrado... que casi nadie ha leído, dicho sea de paso. 
Pero lo que resulta todavía más curioso es el argumento sobre "lo que las cosas son". Me asombra que estos exegetas afirmen que determinadas cosas son como son porque lo dice el texto sagrado (bien poco empírico por lo general, excepto algunas excepciones como el "18 Brumario de Luis Bonaparte" y los artículos para periódicos estadounidenses -a no perderse los términos despectivos sobre los españoles, que usa sobre la Pepa,dla constitución española de 1818, el entusiasmo que la acompañó y el desencanto que la siguió-). Para ser exacto, son como dicen que son porque la interpretación que el exegeta hace del texto sagrado es la "correcta" (Por cierto, no he leído nada interpretando las duras frases que Marx dedicó a Simón Bolívar. Seguro que lo hay).
Puede ser religioso el abuso del argumento de autoridad (sagrada): "tal y tal cosa es así o asá porque lo ha dicho Marx (o Engels, que tanto monta)".
Hay diferencias con la cosa religiosa en la que el carácter deductivo es menos evidente. Pero en este caso, de unos principios generales -no probados sino que el creyente acepta- se deducen las consecuencias sobre un montón de asuntos, de lo abstracto a lo concreto. Si después los acontecimientos no encajan con esa visión (no hay dictadura del proletariado o no desaparecen las clases a manos de los factores previstos por la religión), entonces o "peor para la realidad" que diría Hegel o se reinterpretan indefinidamente para que sigan encajando con el texto sagrado. 
Feo es el positivismo (las cosas que son es porque deben ser y no hay que cambiarlas), pero también lo es este aferrarse a la teoría caiga quien caiga. Y curioso que ese empecinamiento con la teoría venga, a veces, envuelto en el argumento de "lucha ideológica" con independencia de cómo sean las cosas realmente (por supuesto, las cosas son realmente como lo dice la propia teoría objeto de exégesis, rigurosa por supuesto). Resucita, de alguna manera, el idealismo subjetivo de Berkeley: "esse es percipi", el ser es ser percibido, lo que cuenta es la percepción. Pobre Marx, que decía no ser marxista y que afirmaba que "la Conciencia -Bewusstsein- no puede ser otra cosa que el ser consciente -bewusste Sein-". Expulsas al idealismo por la puerta y te entra por la ventana.

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