jueves, 4 de marzo de 2010

La crisis y las crisis

Un repaso prolongado de periódicos e informes me deja sumido en la perplejidad. Por lo menos, ya comienza a ser frecuente no negar el carácter mundial del problema y la unión entre lo que fue crisis financiera convertida en económica y las crisis alimentarias y medioambientales (a las que habría que añadir las energéticas). Digan lo que digan los expertos en el diagnóstico, esta vez la cosa viene mezclada con muchas variables que tienen su lógica propia pero que no por eso dejan de afectar a la creación de empleo, producción de pobreza, incremento de la desigualdad y violencias de muy diverso tipo.
Cuando se ven los mapas reduccionistas sobre posibles incrementos del PIB, parece claro que estas crisis no afectan a todos los países de la misma manera (aunque afecten a todos) ni todos van a salir de la misma manera si es que salen. De nuevo, la metáfora del sol, el huevo y la piedra: el sol es la crisis y afecta a todo el mundo, pero las condiciones locales, sean huevo o piedra, y lo que se haga sobre ellas (ponerlo al sol o esconderlo del calor) van a determinar que el huevo quede empollado, cosa que en ninguna hipótesis sucederá con la piedra por mucho sol que le dé.
Sigo con mis lecturas: no encuentro a nadie (insisto, a nadie) que tenga respuesta al ¿qué hacer? a escala mundial. Sí hay cosas locales (cambiamos nuestras mentalidades, nos dedicamos al comercio solidario y todo eso, muy respetable y, tal vez, eficaz con el tiempo, pero ahora vuelvo a eso), pero la heterogeneidad de respuestas, e incluso su carácter contradictorio, llama la atención cuando llegamos a los políticos. Tal vez porque las respuestas políticas locales (gubernamentales) no van necesariamente contra la crisis sino sobre las próximas elecciones locales o, más que probable, a favor de unos grupos sociales ("los de arriba", "los del medio", raramente "los de abajo") antes que a favor de los otros en un ejercicio de "sálvese quien pueda", es decir, aquel a quien yo apoyo y de donde saco mi sustento electoral y financia mis campañas.
Y aquí entran los "cuanto peor, mejor". Primero, porque podría agudizarse la crisis (no hay nada, por malo que sea, que no pueda empeorar) y producirse un cambio aunque no necesariamente hacia lo mejor: podría empeorar, como digo. Segundo, porque puede hacer ver a sectores cada vez mayores de las poblaciones que "el rey está desnudo" y que ha llegado el momento de tomar decisiones personales y colectivas para solucionarlo. Pequeños cambios personales, organizándose progresivamente en espacios sociales cada vez más amplios, podrían mover un sistema tan alejado del equilibrio como el actual hacia nuevos estadios (de nuevo, no necesariamente mejores).
Por sí mismo, el sistema no va a cambiar. Los que se benefician de él, van a seguir ocupados en que no cambie o, a lo Gatopardo, "si queremos que todo siga como está, tendrá que cambiar todo" (se vogliamo che tutto rimanga com'è, bisogna che tutto cambi) pero con la condición de que nos quedemos arriba. Los perdedores en el sistema no tienen, que se vea, capacidad de organización y de intervención. Queda, entonces, la posibilidad de ir moviéndolo poco a poco en una dirección menos desagradable que la presente (desagradable para "los de abajo", no para "los de arriba", que siguen encantados).
En ese contexto, leo un informe en el que, sin saber qué hacer, hace el siguiente pronóstico sobre la evolución de las crisis: WWWW, es decir, subidas y bajadas sin que se vea el fin. Mala barraca.

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