jueves, 18 de marzo de 2010

Impuestos. Otra vez Laffer

En el Parlamento español se ha estado discutiendo sobre el incremento del IVA previsto en los presupuestos generales del Estado y ahora puesto de nuevo en discusión por la oposición. Como podía suponerse (aunque en política todo es posible), los partidos que aprobaron tal medida al aprobar el presupuesto, han vuelto a aprobar la medida, y los que rechazaron los presupuestos han vuelto a rechazar la medida que venía incluida en los mismos. 
Como es obvio, no tengo ni idea del efecto que tal medida vaya a tener sobre la maltrecha economía española. Hay opiniones para todos los gustos, pero los argumentos centrales son claros: para los que defienden la aplicación del alza en el IVA, se trata de reducir el déficit público aumentando los ingresos (no vendría mal que también redujesen los gastos, como cortesmente recuerda la Comisión Europea para la banda de los cinco -España entre ellos-); para los que rechazan el incremento en el IVA, se trata de evitar un factor más de ralentización de la economía en general y del consumo en particular.
Los que defienden la aplicación del nuevo IVA -el previsto- tienen un argumento adicional que no van a usar en público (espero): hay que hacer creíble de inmediato que el déficit se va a reducir y eso sólo puede hacerse aumentando de inmediato los ingresos. ¿Para qué? Para impedir un ataque contra el Reino de España semejante al sufrido por Grecia de parte de su amigo-enemigo Goldman Sachs. Lo de los PIGS, ya se sabe.
Lo que me ha resultado interesante es el argumento esgrimido por el portavoz de economía del Partido Popular en la oposición. Si entendí bien lo que escuché, afirmaba que reducir los impuestos es una forma de aumentar los ingresos del Estado. No es una "boutade". Se trata, si entiendo bien, de la curva de Laffer, para lo cual puede resultar provechoso recurrir al tal Laffer para conocer el origen (probablemente mítico, según él mismo asegura) de tal nombre, los antecedentes de la misma (llegan hasta Ibn Khaldum y pasan por Keynes) y la historia de su aplicación entre Clinton y Reagan. Curioso, de todas formas, que en la comida de 1974 en la que se supone que Laffer dibujó su famosa curva en una servilleta (cosa que él niega: su mamá le había educado a no estropear cosas de calidad como aquella servilleta ¡de hilo, no de papel!) estaban presentes Donald Rumsfeld y Dick Cheney, ambos en el gabinete de Gerald Ford respectivamente como jefe de gabinete y adjunto. 
El argumento, simplificado por un no-economista como yo o por otro no-economista como Ronald Reagan, es el siguiente: reducir los impuestos es, de inmediato, reducir los ingresos del Estado pero tal reducción, a medio plazo, produce una reactivación de la economía que permite que el Estado ingrese más de lo que habría ingresado aumentando los impuestos.
Hay algunos elementos en esta discusión que se me escapan: en primer lugar, cómo afecta, realmente, a los distintos grupos de renta -Laffer habla de qué pasó en 1920, 1925 y 1929, pero no de qué pasó con Reagan en 1981 y sucesores- y, segundo, cómo funciona dicha política en contextos históricos diferentes y con condicionamientos distintos. Como suele suceder con estos, supongo, neoclásicos, es que han encontrado las leyes universales de la economía, válidas para cualquier circunstancia y, por tanto, de las que se pueden deducir efectos como por ejemplo, a más impuestos más desempleo. Todo ello al margen de que discutir sobre un incremento (absoluto o relativo) aduciendo como argumento la comparación entre niveles de impuestos entre países es comparar churras con merinas y más si, sobre todo, son países ex-comunistas en los que el aumento de la desigualdad y la pobreza son reconocidos hasta por el Banco Mundial. Y algo más de referencia a la presión fiscal realmente existente, tampoco vendría mal.

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