viernes, 5 de marzo de 2010

Especulación política

No me refiero a la que hace Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique en español. Certificando la desaparición del radicalismo y la condena a la irrelevancia del comunismo se pregunta cómo es posible que la socialdemocracia esté en su ocaso cuando el neoliberalismo está en sus peores momentos. 
Poner esperanzas, para la más o menos izquierda, en los "socialismos del siglo XXI" del tipo venezolano, ecuatoriano o boliviano no parece que sea muy consolador porque los tres se encuentran en complicadas y no necesariamente positivas derivas para las que es difícil vislumbrar futuros brillantes, por lo menos desde perspectivas progresistas, es decir, que pretenden mejoras suficientemente estables y sostenibles de "los de abajo" con medios suficientemente democráticos.
Mi especulación es otra y para ella parto de otro artículo, en este caso de Vicenç Navarro reproducido en Rebelión. En él se ironiza sobre qué tendría que haber hecho una revista médica que hubiese aconsejado una determinada medicina o tratamiento durante muchos años y que, al cabo de los mismos, se hubiese demostrado que había sido claramente nociva para miles, si no millones, de seres humanos. Obviamente, dice, la revista tendría que pedir perdón por su error y no seguir machaconamente repitiendo el consejo que ya se sabe erróneo. Más: nocivo. Quitando medicina y poniendo economía, dice Navarro, eso es lo que no ha sucedido con revistas como The Economist o periódicos como el Wall Street Journal que aconsejaron políticas que han resultado destructivas y que, sin embargo, se empecinan en el "sostenella y no enmendalla". Pero que aquellas medicinas económicas han traído muchos males, sí parece suficientemente claro, por lo menos al decir de algunos de sus proporcionadores como Alan Greenspan.
Vayamos, pues, a la especulación: tenemos un mundo en condiciones cada vez peores; tal vez el PIB mejore en África este año, pero no por ello va a reducirse la pobreza y el hambre allí; tal vez se desacelere la caída en los países ricos, pero no por ello va a aumentar el empleo ni va a reducirse la creciente hambre (hambre, sí, que lo dice la FAO: un 15 por ciento con respecto al año anterior). Las viejas recetas, por diversas razones,  parece que ya no sirven (anarquismo, radicalismo, comunismo, socialdemocracia). Visto lo visto, tampoco el (neo)liberalismo. 
¿Qué hace, entonces, el que está siendo damnificado por el funcionamiento de un sistema sin ideologías políticas? El beneficiado, ni ahora ni nunca, necesita ideologías: vive en el mejor de los mundos posibles, que diría el Dr. Pangloss. Pero el damnificado puede ser engañado por algún tiempo con la ideología de "no hay alternativa" (TINA, que decía la Sra.Thatcher) o se puede engañar por mucho tiempo a algunas pocas personas (con religiones escapistas, por ejemplo). Pero ya no es tan fácil mantener esas gafas reductoras en los ojos de un número creciente de damnificados. ¿Qué hace entonces cuando las ideologías alternativas convencionales están en decadencia? El nihilismo es una de las opciones. Y el nihilismo tiene que ver con nuevas formas de violencia general y absurda como el de quien, descontento con su gobierno, se sube a una avioneta y la hace chocar contra un edificio público. Absurdo donde lo haya, pero comprensible y cada vez más relacionable con condiciones sociales y económicas circundantes. Puede haber, también, Vanderwögel, pájaros voladores que huyen del sistema y se refugian en comunas al margen del mismo, cultivando sus propios productos, fuera de los circuitos comerciales. Y puede haber quienes se entreguen a partidos violentos y de visiones dicotómicas claras y nítidas, es decir, que ofrecen un objeto sobre el que descargar la agresividad (inmigrantes, creyentes de otra religión, miembros de colectividades "raciales" etc.) y proporcionan una visión del mundo clara que compense las ambigüedades, fronteras borrosas e inseguridades del mundo circundante (la causa de todo es X; y en X se puede poner lo que se quiera: judíos, chinos, imperialistas, españoles etc.).
Por cierto, muchos Vanderwögel en la Alemania pre-nazi acabaron formando parte del partido de Hitler. Es una especulación, pero el que avisa no es traidor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario