domingo, 21 de marzo de 2010

Divisas geopolíticas

Confieso mi ignorancia también en este campo, pero es demasiado importante como para no intentar aclararse en él. Me refiero a las divisas y su papel en la conformación del sistema mundial tal como lo conocemos.
A escala local, no acabo de entender qué le convendría más al Ecuador, país totalmente dolarizado (el resto de países latinoamericanos está parcialmente dolarizado ya que conservan sus monedad de origen, pero mantienen una sed insaciable de dólares estadounidenses). Un dólar fuerte, es decir, que se cambia a tipos más altos, les viene bien por la dependencia que mantienen de la extracción y exportación de petróleo y los ingresos de divisas que provengan de los Estados Unidos, primer país al que van los emigrantes ecuatorianos. Un dólar débil, es decir, que se cambie a tipos menores, les viene bien de cara a las exportaciones y les viene mal de cara a las remesas que provengan de España, segundo país al que van los emigrantes ecuatorianos. Así que no tengo ni idea de qué es lo que más les conviene.
Sí tengo claro lo que le conviene a la China: un dólar fuerte y un renminbi (o yuan) débil, para mantener su ritmo exportador a los Estados Unidos y mantener el valor de los Bonos del Tesoro de los que son el primer tomador mundial (seguido del Japón según el último "ranking" que he podido ver y que supongo "maquillado" por unos y otros, pero ésa es otra historia). No me extraña, entonces, que la prensa oficial china airee las opiniones que, fuera de la China y en boca autorizada pero también en bocas oficiales internas, proclaman que no es necesario devaluar el renminbi (o el yuan) para así corregir los desequilibrios comerciales del sistema mundial en estos momentos.
Y también tengo claro que a los Estados Unidos les conviene un dólar fuerte a efectos de su privilegio de imprimir moneda sin efectos inflacionarios dada la demanda de billete verde que hay para cubrir el comercio internacional en general y el del petróleo en particular y para llenar las reservas de divisas de muchos países. Un dólar fuerte da confianza a los especuladores internacionales que corren a refugiarse en dicha moneda abandonando el euro, en plena zozobra gracias a los ataques especulativos de... ¿Goldman Sachs? (eso parece: el que hizo, deshizo). Al correr a refugiarse en el dólar, lo hacen más fuerte... ¿hasta cuándo?
Pero ahí viene mi problema. Igual que sucede con políticos que llevan bien la agenda internacional y muy mal la local, el dólar fuerte, tan interesante desde el punto de vista geopolítico y monetario, se convierte en una dificultad para las propias exportaciones y, por tanto, en un obstáculo más para la creación de empleo. Un dólar fuerte acaba siendo una exigencia para que el país, ya fuertemente endeudado, se endeude todavía más, cosa positiva en la medida en que resuelve sus carencias, y negativa en la medida en que agrava los equilibrios del sistema mundial, ya gravedemente dañados por sus deudas anteriores, la comercialización "tóxica" de sus deudas y la explosión de sucesivas burbujas (no sólo la inmobiliaria, también la alimentaria y... ¡la financiera! -George Soros dixit y parece que seguimos en las mismas, sin "refundación" que valga del capitalismo-).
Lo que no encuentro en los medios que frecuento es una evaluación de los costes y beneficios de cada una de las opciones. Supongo que es imposible y, por tanto, que no sabemos a dónde vamos, pero vamos a toda velocidad.

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