miércoles, 24 de febrero de 2010

"Progres" y "fachas"

Demasiado bueno para leerlo de un tirón, pero muy interesante intento de unir lenguaje, neurociencias, política. Desgraciadamente, en inglés. Sirve para comprender algunos malententidos entre progresistas y conservadores y para entender cómo funciona la mente de unos y otros, que parece guardar alguna correlación (para el caso de los Estados Unidos, que seguro que también la cultura cuenta) con el parpadeo, el manener una taza de café caliente o fría y cosas por el estilo. Y da claves, en la línea del libro del mismo autor sobre "no nombrar al elefante" (que no he leído), para hacerse una idea de cómo las palabras se convierten en esquemas analíticos ("frame", etiquetas) en contra de lo que siempre he pensado, a saber, que lo que importaba era la cosa, no la palabra. Pero igual es que soy un cochino "progre" o un izquierdoso aburguesado. De todas maneras, viendo las dificultades que hay para identificar, en la práctica, cuáles son los comportamientos esperables en la "izquierda", el asunto de la etiqueta ha de ponerse en su justa medida: la cosa es importante, la etiqueta cuenta mucho y la coherencia entre cosa y etiqueta es más bien secundaria.
En cualquier caso al escuchar a Fernández Ordóñez (MAFO), del Banco de España, utilizar hábilmente la metáfora de que el mercado laboral español es un barco frágil al tiempo que sacaba todas las consecuencias de la tal metáfora, me he dado cuenta de lo importantes que son las metáforas. Si son logradas, evitan argumentar con datos y referencias. Pueden llegar a tener tal fuerza que evitan cualquier otro razonamiento. Es algo así como el insulto, pero al revés. El insulto ("eres un fascista", por ejemplo, o "eres un rojo" o "eres un progre trasnochado", que son insultos para el que los pronuncia pero que no son intercambiables -el que insulta con "fascista" no puede ser insultado como "rojo" y viceversa-) también evita tener que razonar y aportar pruebas. Lo que dice el otro queda etiquetado (como lo que corresponda según los gustos del insultador) y ya no hace falta hablar más.No te digo si el insulto es de "antisemita" (como si los árabes no fuesen semitas). La pasión puede llevar a encontrar buenos datos, pero también puede ocultarlos.

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