martes, 23 de febrero de 2010

Enojado y frustrado

Immanuel Wallerstein había publicado en sus "Commentaries" y ahora traduce el periódico mexicano La Jornada  y reproduce Rebelión un diagnóstico sobre el caos en que se encuentra buena parte del mundo. Centrándolo en los Estados Unidos cita estas dos fuentes para explicar algunos comportamientos de los estadounidenses:
Una fue del mismo Barack Obama: Lo mismo que propulsó a Scott Brown [republicano] al cargo, me propulsó a mí a la presidencia. La gente está enojada y frustrada. Y la segunda aseveración fue de Charles M. Blow, editorialista afroestadunidense en el New York Times. Tituló su artículo "La ley de la calle" En éste, dice: Demos la bienvenida a la plebe: un electorado enojado, herido, enfurecido por la recesión, que marcha a la deriva por todo el espectro político, que continúa ansiando el cambio, alimentando su sed de sangre. Primero eligieron a Obama; ahora lo rechazan. ¿Por qué? La plebe es veleidosa.
No parece estar muy lejos de lo que puede estar pasando en las Españas a propósito de las crisis en general y de la mala calidad de la clase política en particular. En ambos casos, España y los Estados Unidos, el enfado y la frustración van a pasar factura a Rodríguez Zapatero y Obama que, si las cosas no cambian, tienen muy difícil la reelección, sobre todo porque sus respectivas oposiciones (Partido Popular y Partido Republicano -GOP-) han sabido fidelizar a sus electorados canalizando la agresividad que produce la frustración contra los respectivos presidentes. Como estas oposiciones tampoco es que den respuestas convincentes, no será de extrañar que una pequeña pero significativa parte del electorado (en particular, la de edades medias y medio-altas) vayan a la abstención o a partidos de protesta como en su día fue el de Ruiz Mateos para las elecciones europeas: una forma de expresar el rechazo a ambos partidos mayoritarios. El aumento probable, pero insuficiente, dada la ley electoral, de Rosa Díez e Izquierda Unida va en esa dirección. Gane quien gane (y sigo apostando por que ganará el PP), tendrá que pactar con los nacionalistas, sean catalanes (ahora, depués de la que ha llovido, más cerca del PP) o vascos (ahora, después de la que ha llovido, más cerca del PSOE).
Conozco algunas excepciones a esta tendencia al "que se vayan todos -pero que, al fin, se quedan-" y es el Ecuador. También allí un presidente ve cómo su aceptación sigue cayendo como lo muestran estos dos gráficos para Obama y Correa (no los tengo para Zapatero, pero seguro que existen):

 


Los datos estadounidenses son ya de febrero de 2010 y los ecuatorianos de enero del mismo año. La caída de aprobación de ambos, en particular la de Obama, es visible y estoy convencido de que, si tuviese el gráfico de España, no sería muy diferente. ¿Dónde está, en cambio, la diferencia? Pues que en el Ecuador la oposición (como en Venezuela o Bolivia y si me apuran Italia) no consigue armar una alternativa creíble que haga de contrapeso al TINA (there is no alternative, que decía en otro sentido la Sra. Thatcher en sus días: no hay alternativa). 
Creo que cuando la frustración no encuentra cauce electoral para expresarse, los efectos pueden ser mucho más impredecibles, pero no demasiado diferentes de la opción republicana por el Tea Party (retórica como fue la de Reagan contra el "big government"): el descrédito de la democracia lleva a formas peligrosas de populismo, sea de derechas como el estadounidense o el español para la oposición, sea de izquierdas como es el caso ecuatoriano, boliviano o venezolano, sean o no de izquierdas aunque, en todo caso, diferentes de los "populares" o los "republicanos" (y de los socialistas o los demócratas respectivamente). 
Tiempos interesantes. Y hoy es el aniversario del 23-F español.

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