domingo, 28 de febrero de 2010

Bravo soldado, no terrorista

Este es un caso más en el que se ve que "terrorista", en el lenguaje político, siempre se refiere a lo que hacen los demás y nunca a lo que hacen los del propio bando. Es sabido que los miembros de ETA son, para los suyos, "gudariak", soldados, luchadores por la libertad, mientras que, para los demás son terroristas hayan o no hayan tenido prácticas violentas, es decir, por el mero hecho de pertenecer a la banda, banda armada por supuesto.
En tiempos de Reagan la "contra" nicaragüense eran "freedom fighters", luchadores por la libertad como los anteriores, para el gobierno estadounidense que los financiaba en complejas operaciones Irán-contra o Irangate en la que el armamento iba a mano de los ayatollah iraníes que se enfrentaban a Irak, pagaban con dinero y el dinero iba, a través de Suiza, a estos "freedom fighters".  Esta compleja trama la gestionó Oliver North. Los de ese lado incluso entraron en una "oli-manía", una exaltación del teniente coronel North, del cuerpo de marines por más señas. Hoy North trabaja para el canal Fox, el de Murdoch, dicho sea de paso y sólo para oídos españoles. No hace falta decir que los sandinistas de entonces (otra cosa serían los de ahora) no tenían sobre la "contra" la misma buena opinión que el gobierno estadounidense.
Ahora el gobierno iraní acaba de anunciar que han denido a un terrorista, Abdolmalek Rigi, líder de un grupo, los Soldados de Dios (Jundallah), que dicho gobierno persigue por su violencia (y por sus objetivos, claro). Como se dice que estos terroristas están financiados y apoyados por los gobiernos de Estados Unidos, Reino Unido e Israel, la lógica que vengo describiendo tendría que llevar a pensar que no se trata de un terrorista  para los de aquí, sino de un gudari, un "freedom fighter", un luchador por sus ideas, coherente con las mismas hasta la muerte si hace falta.
Como bien demuestra Sri Lanka y ya he comentado aquí y aquí, acabar con los "terroristas" no supone acabar con el problema que representan... como soldados de una determinada causa. Muerto el terrorista, no acaba la causa.
Las palabras crean realidad, normalmente ocultándola ("la palabra es un déspota omnipotente"). Pero lo que importa, insisto, es la cosa. Y es por conocerla por lo que creo que vale la pena trabajar, para lo cual es preciso ir quitando los velos que la cubren. Al fin y al cabo, esa parece ser la etimología de la palabra "verdad" en griego: alezeia, desvelación -que no revelación-.

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