miércoles, 20 de enero de 2010

Militarismo latinoamericano

Militarismo puede tener dos significados. Por un lado, puede referirse a la propensión a resolver los conflictos mediante la fuerza militar. Desde ese punto de vista, los menos militaristas suelen ser los militares a no ser que se trate de casos de contrainsurgencia, como vi en Colombia hace años: los altos mandos deseaban (aunque de tapadillo) que siguiese la guerrilla porque así tenían ascensos aunque los que morían eran los soldaditos de clase baja. Pero, por otro lado, militarismo también puede significar armamentismo, es decir, la tendencia a sobredimensionar los ejércitos, por encima de las necesidades en medios precisos para la defensa del territorio o para la represión, llevando a cabo compras desbocadas con muy escasa relación con las necesidades reales.
Hugo Chávez es militar. No está muy claro que encaje en la primera definición, aunque algunas proclamas guerreras frecuentes sobre Colombia (y hasta sobre los Estados Unidos) lo hagan pensar. Sin embargo, sí parece que hay un cierto consenso en los medios españoles en que, si no encaja en la primera de las definiciones, sí lo hace, y de manera evidente, en la segunda y así me lo han referido quienes todavía se fían de los periódicos para asunto como éste. ¿Es militarista? ¿Seguro? Pues no está tan claro si vamos a los datos disponibles y cuya recolección, con las cifras más recientes, hizo pública el mes pasado la “Escola de Cultura de Pau” de la Universidad Autónoma de Barcelona. Doy, para cada caso, los cinco primeros de la lista.
Si es por total de contingentes (de soldados, vamos), el primer ejército es el brasileño, seguido del colombiano, el venezolano, el peruano y el argentino. Como se puede justificar casi todo (no hay dato que, convenientemente torturado, no acabe confesando lo que quiere el torturador), se puede decir que el Brasil tiene muchas fronteras, que Colombia tiene guerrillas y un vecino preocupante que entra, Venezuela, en una dinámica de acción-reacción. Qué pinte el Perú o la Argentina, se me escapa.
Pero, sí, de acuerdo: la cuestión, para el militarismo, no es tanto ver cuántos soldados hay (seguro que la China tiene más soldados que Andorra), sino qué proporción guardan con la población total. El orden cambia y aparecen nuevos y desaparecen otros entre los cinco primeros, ya que el mayor porcentaje es el del Uruguay (7 por mil, inexplicable y con gobiernos supuestamente de “izquierda”), seguido por Colombia, Bolivia, Venezuela y el Ecuador. Brasil, desde esta perspectiva, aunque tenga el ejército mayor de Sudamérica, no lo tiene en proporción a sus habitantes.
Pero vayamos a las compras de armas pesadas en los últimos cinco años. Cierto que en 2007 y 2008 Venezuela ha sido el primer comprador de la zona. Pero es el segundo en los cinco años por detrás de Chile y es seguido por el Brasil, el Perú y Colombia. Si es por equipamiento contra-insurgencia, Colombia va por delante seguido de Venezuela y Bolivia (esta última, supongo, llamará contra-insurgencia a la persecución del cultivo de coca no autorizado –que no deja de ser una entelequia impuesta-). Pero si es por cazas de combate, Brasil va el primero, seguido por Argentina, el Ecuador, Venezuela y el Perú.
Descansemos, por un momento, de los números, ya que sé que los artículos con números son poco digeribles, y veamos qué sucede con las compras de armas recientes, siempre según la publicación que estoy trascribiendo. Y ciñámonos a los países más “sospechosos” según las listas indicadas. Me refiero a Bolivia, Colombia, Brasil, Chile, el Ecuador y Venezuela.
Lo primero que salta a la vista es la presencia de España entre los vendedores: vende a Colombia, Brasil, Chile y Venezuela. Después está Rusia (vende a Bolivia, Brasil y Venezuela) y los Estados Unidos (a Brasil y a Chile). A nadie le extrañe que en el Brasil haya proyectos para llegar a ser potencia regional. De hecho, la compra más fuerte es la que el Brasil hace a Francia: 36 cazas Rafale. Pero lo que sí extraña es que las ventas a unos países suenen mal (las patrulleras españolas a Venezuela) y otras sean de lo más aceptable para los bienpensantes mundiales, es decir, para los que defienden el orden establecido porque les va bien en el mismo. Y claro que hay más vendedores: Brasil compra pero también vende (a Bolivia, Colombia, Chile y el Ecuador). Y aparecen, de vez en cuando, Francia, Alemania, Irán (a Venezuela, claro) y hasta Bielorrusia.
Total, que no resulta tan evidente lo de Chávez como primer militarista.
(Publicado hoy en el periódico Información -Alicante-)

1 comentario:

  1. Un amigo uruguayo me hace la siguiente matización a lo que digo al referirme a los datos de su país:
    "Me parece que para la izquierda, y los gobiernos anteriores, el ejército cumple en buena medida una función social: brinda empleo, especialmente
    a los más pobres de las zonas rurales. Es una gran agencia de empleo. La variante de izquierda que acaba de ganar la elección enfatizará
    eso, aunque posiblemente hagan que se involucren en tareas "sociales" o "productivas" ... por ejemplo, reparar las vías de los trenes". Estoy de acuerdo y es una variable que no he tenido en cuenta en la descripción que hago en el post.

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