sábado, 16 de enero de 2010

La guerra contra Al Qaeda

Tal vez porque va en la línea que he mantenido en el blog (y fuera de él), me encanta el Tomgram de Engelhardt y Turse sobre la "guerra" contra Al Qaeda. Primero, recuerda cómo cambiaron las percepciones que los estadounidenses tenian de los japoneses antes y después de Pearl Harbor: de ser unos "enanitos" insignificantes a convertirse en unos superhombres casi invancibles sin pasar en ningún momento por la sencilla cateogoría de humanos. Después, hace ver cómo ha sucedido lo mismo con los "muslim fanatics" de un primer momento, ciertamente despreciables -el racismo es el racismo-, convertidos, después del 11-S, en unos supermanes capaces de todo como si el 11-S hubiese sido el Pearl Harbor que los neoconservadores estaban esperando para meter a su país (y al resto) en el lío en que nos han metido. Por lo menos la Segunda Guerra Mundial tenía cierta lógica y, sobre todo, se sabía cómo podría terminar y qué haría falta para conseguir la victoria o la rendición del contrario (Pasaré por alto el elemento holliwudiense de esa versión de lo que los rusos llaman la Gran Guerra Patria, cosa que ciertamente lo fue: basta comparar el número de muertos estadounidenses -centenares de miles- con el de rusos -millones-). Esta "guerra contra el terrorismo" no sólo no tiene esa lógica y no se sabe qué tendría que pasar para terminar sino que, dicen los autores que cito, es bastante estúpida. De nuevo, pasemos por alto que no acaba de estar claro que para hacer la guerra contra Al Qaeda haya que matar a civiles afganos que no tienen nada que ver con el asunto o haya que invadir Yemen a la búsqueda de Bin Laden, el Lex Luthor de esta historia. Lo que los autores hacen es mucho más sencillo: toman las estimaciones sobre el número de miembros que puede tener Al Qaeda y lo comparan con el número de soldados que tienen los Estados Unidos. La proporción: superior al 1.200 a 1, por supuesto a favor de los Estados Unidos. Después compara el posible presupuesto que puede tener Al Qaeda (siempre tirando hacia lo alto, incrementando las estimaciones más altas) y lo compara con el presupuesto militar estadounidenses. Nada que comparar.
Luego no es una guerra. Es otra cosa. No hay que minimizar el riesgo. Pero no es de recibo la exageración interesada. Incluso el tentativo de Detroit, visto con frialdad, fue una chapucilla del muchacho (insisto, pudo haber volado el avión) y, unido a las amenazas de media docena de yemeníes, estuvo a punto de desatar una nueva aventura militar esta vez en el Yemen. Digamos que hay guerra por una parte, la de los Estados Unidos, y violencia dispersa por la otra parte que no resulta ser ni tan grande, ni tan amenazante (es peligrosa, sí, pero no tanto como para tomarse en serio su reivindicación de Al Andalus y sí su sed de venganza por siglos de opresión y humillación incrementadas en los últimos 50 años).
Me encanta su párrafo final:
It’s time to put al-Qaeda back in perspective -- a human perspective, which would include its stunning successes, its dismal failures, and its monumental goof-ups, as well as its unrealizable dreams.  (No, Virginia, there will never be an al-Qaeda caliphate in or across the Greater Middle East.)  The fact is:  al-Qaeda is not an apocalyptic threat. Its partisans can cause damage, but only Americans can bring down this country. 
Y yo añadiría: sólo los occidentales pueden acabar con la civilización occidental de libertad, derechos humanos, democracia y tolerancia. De hecho, ya han comenzado, y con mucho entusiasmo, en más de un país europeo.En Francia, planteando lo de la "identidad"; en Italia, agrediendo a los inmigrantes y, en general, diciendo que hay que restringir su entrada:

Vaya civilización.Y, si no, ahí va otra, de Gallup y para los Estados Unidos:



Recuerdo vagamente algo sobre que todos los ciudadanos son iguales ante la ley o algo parecido. O que no serán discriminados por razón de su edad, grupo "étnico" o sexo.
La guerra está terminando: "Occidente" se está dedicando a perderla.
¿Al Qaeda? ¿Qué más da?
¿Y España? Spain is different. Que lo digan los inmigrantes o, mejor, que lo diga cualquier latinoamericano que ha ido al consulado de su país a solicitar un visado.

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