viernes, 9 de octubre de 2009

Nobel de la Paz

El día en que, con vergüenza ajena, me entero del Nobel de la Paz para Barack Husein Obama, la revista Foreign Policy publica los nombres de los que, a juicio de su autor,  David Kenner, deberían haber recibido dicho premio y no lo obtuvieron o no lo han obtenido, a saber, Gandhi, Eleanor Roosvelt, Vaclav Havel, el nigeriano Kan Saro-Wiwa, Sari Nusseibeh, rector de la universidad Al Qud, Corazón Aquino y el anticomunista chino Liu Xiaobo. La lista es discutible y hasta podrían entrar algunos nombres y podrían salir otros.
La concesión a Obama pertenece justo a lo opuesto: a los que lo han recibido y no deberían haberlo recibido. Pero ninguno como Henry Kissinger. Después de él, cualquiera puede ser premio Nobel de la Paz. Hasta Yasir Arafat.
No están locos estos noruegos, pero los caminos de los parlamentarios noruegos (que son los que lo conceden) no son los caminos de la paz. Ni, a lo que parece, recuerdan  la voluntad de Nobel.
(Añadido el 13: dos buenos comentarios al respecto, éste - hay que bajar hasta la entrada de Thomas G. Mahnken - y éste particularmente interesante viniendo de Johan Galtung, fundador de la "Peace Research" o los "Peace Studies")

2 comentarios:

  1. esto es algo... no sé... "esgarrifós"... una cucharada más de azúcar en la taza del mesianismo obámico... jo, que sóc del Barça, recuerdo que no hace mucho Guardiola rechazaba su candidatura al Príncipe de Asturias reconociendo que su trayectoria era muy corta, que igual se estaban pasando un poco... Lo de Obama, los USA, las armas nucleares...en fin... al menos ahora acabará con el conflicto entre Israel y Palestina, la pena de muerte, Afganistán, etc, etc, etc...

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  2. Michael Moore ha escrito un excelente artículo que titula algo así como "enhorabuena, señor presidente, por el premio. Ahora gáneselo". Con la ofensiva de la ultraderecha estadounidense -bien apoyada por medios como la Fox- contra Obama, hay para estar mosqueado. Parece claro que "todavía" no se lo merece y que su aprobación cambia a un lado y otro del Atlántico.

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