domingo, 11 de octubre de 2009

National Security Agency

Una excelente recensión por parte de James Bamford del libro de Matthew M. Aid sobre la National Security Agency publicada en el New York Review of Books.
Por un lado, los escalofriantes datos sobre la capacidad de la Agencia (mucho mejor dotada en personal y fondos que la CIA) de espiar teléfonos, correo electrónico, búsquedas en internet, acceso a parkings o libros leídos en bibliotecas abiertas al público. Edificios mastodónticos (de 2.000 millones de dólares) y proyectos todavía más mastodónticos:
"the data volumes are increasing with a projection that sensor data volume could potentially increase to the level of Yottabytes (1024 Bytes) by 2015."[1]
Mezcla de la "biblioteca de Babel" (Borges) y del "Gran Hermano" (Orwell), bien haríamos en preocuparnos por el fin de nuestra intimidad. De hecho, los ingleses se opusieron enérgicamente a que se les vigilase así por parte de su propio gobierno, pero nadie parece estas dispuesto a oponerse con la misma energía a que le vigile un gobierno extranjero o, en el caso de los estadounidenses, propio. Total: estamos controlados y muy controlados.
¿Cierto? Pues relativamente. El libro de Aid narra, cronológicamente, los errores, despistes, fallos, chapucerías y meteduras de pata de la National Security Agency desde Pearl Harbor a nuestros días. La razón, para la que no hace falta mucha información adicional, es que son humanos, demasiado humanos. Cierto que disponen de complejos algoritmos para analizar su increíble "biblioteca" que podrá llegar, en 2015, al equivalente a algo así como
1.000.000.000.000.000.000.000.000 páginas de texto. Hace falta una valoración humana y una selección previa para poder digerir un material como ese. Y no se puede.
En otras palabras, si quieren saber algo sobre mí, lo pueden saber todo (incluyendo mi libreta de ahorros, mis gastos, mis aficiones y mis pecadillos). Pero resulta prácticamente imposible que puedan saber si yo soy importante para ellos o no y, por tanto, que soy digno de ser vigilado. Les resulta muy difícil encontrar la aguja en el pajar (y esa es su debilidad), pero una vez encontrada, pueden saberlo todo sobre dicha aguja (y esa es su fortaleza). De momento. Ya se verá qué pasa en diez años y si tienen dólares para pagar tal Armada Invencible.
(Añadido el 12 de octubre: Hay una interpretación adicional de este delirio inútil por controlar y viene de Inglaterra. Hoy entra en vigor la ley que obliga a todo ciudadano que tenga alguna relación con niños -maestros, dentistas, porteros- a inscribirse en un fichero. Se trata de evitar casos en los que un portero resulta haber sido en el lejano pasado un agresivo pederasta. El fichero incluiría a uno de cada cuatro británicos, 11 millones de fichas. La interpretación de esta sobreactuación del gobierno sería la siguiente: quieren tranquilizar a la opinión pública -muy sensibilizada por la cuestión de los niños desde hace muchos años- y hacerles ver que están al tanto, vigilan y evitarán que se repita. ¿Con éxito? Dudo que con un fichero así se eviten cuando el problema está en otra parte y cuando va a ser complicado desarrollar el algoritmo que permita encontrar la aguja en el pajar). 
(Añadido el 13: también hay ficheros en Francia que se amplían aprovechando cualquier hecho luctuoso con impacto mediatico y tienen como diana a las izquierdas. Los Estados Unidos vienen desarticulando a las izquierdas desde el Red Scare)

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