lunes, 12 de octubre de 2009

Mal uso de los indígenas

Los españolistas celebran hoy su fiesta nacional que también llaman Día de la Hispanidad y llamaron Día de la Raza en tiempos de Franco. La narrativa al respecto era clara: España descubrió América llevando allí la religión verdadera, la lengua española y las costumbres. Ahora estas alegrías están un tanto aminoradas, pero el fondo sigue siendo el mismo, digan lo que digan los "descubiertos" y "civilizados" por los españoles. A lo más, se queda en un "Encuentro", pero nunca en una ocupación militar.
Las narrativas dominantes en los nacionalismos latinoamericanos son también discutibles: llegaron los invasores españoles y arrasaron con lo que encontraron, explotando a los indígenas además de infectarles con enfermedades para ellos desconocidas y terriblemente mortíferas como la viruela.
Como buenas narrativas nacionalistas, tienen muchos defectos ya que ambas han realizado, previamente, un "lifting" o "toilette" de la Historia.
De entrada, no fue España la conquistadora/civilizadora sino los reyes de España que, muertos los Católicos, serían los Habsburgo que poseían otros reinos además de los peninsulares (y que llegaron a unificar Portugal y España bajo un mismo cetro). Y si es por zonas geográficas, no fueron los españoles sino los nativos de determinadas zonas de la Península (si no recuerdo mal, extremeños, castellanos, vascos y andaluces. Por cierto, la Cuenca que dió su nombre a la Cuenca ecuatoriana probablemente fuese la Cuenca de la provincia de Córdoba, casi ya en la de Badajoz, pero eso habría que demostrarlo). La figura del indígena es usada para justificar la Colonia, civilizadora y cristianizadora: eran unos paganos, salvajes, que hacían sacrificios humanos y practicaban la sodomía y hasta, en algunos casos, eran antropófagos (hay una tesis doctoral sobre esa imaginería del antropófago americano que no he leído, pero que espero leer).
Yendo al otro lado del Atlántico, estamos ante nacionalismos criollos y sólo muy raramente ante nacionalismos indígenas.
El nacionalismo criollo es particularmente contradictorio. Por un lado, tiene que afirmar su negación de España y, por tanto, tiene que afirmar su indigenismo (la inscripción a la salida de la sala maya en el Museo de Antropología de la Ciudad de México es lo mejor que he visto, aunque hace tiempo que no estoy por allí y no consigo una foto del mismo ni tener el texto completo que sólo recuerdo vagamente). Pero ser indígena es ser de clase baja, luego tienen que decir que no pertenecen a los pueblos originarios sino que... son descendientes de españoles. Por supuesto, de los españoles buenos, los criollos, y no de los españoles malos, gachupines o chapetones. Lo que procurarán ocultar (todo nacionalismo tiene cadáveres en su armario) es qué hicieron con los indígenas una vez conseguida la Liberación o la Independencia respecto al gobierno de Madrid. Porque, en varios casos, la Independencia supuso genocidios sistemáticos de indígenas o, en muchos más, despojos adicionales de tierras de indígenas para el enriquecimiento de los libertadores y nuevos opresores de los indígenas. Algunos de los indígenas se preguntan ahora qué es lo que tendrían que celebrar en este bicentenario y no lo encuentran. Sin embargo, el uso de los indígenas es como legitimación de la Independencia, subrayando los elementos explotadores, marginadores (las dos repúblicas) y colonizadores en la política y la cultura que incluye la religión por parte de los españoles malos.
El incipiente nacionalismo indígena es muy interesante: somos los pueblos originarios y fuimos machacados por los conquistadores españoles y por los libertadores criollos sin que nuestra situación mejorase, cuando no empeoró, con la República; ambos nos arrebataron la cultura, la religión y la política que habíamos tenido antes de su llegada, situación civilizada, ordenada y progresista como fueron ejemplificados por los imperios mexica e inca.
Como acabo de leer el primer volumen de la "Historia de la vida cotidiana en México", dedicado a "Mesoamérica y los ámbitos indígenas de la Nueva España", salgo de dicha lectura fascinado por dos cosas. Por un lado, los equilibrios de los autores para pasar como sobre brasas sobre un hecho histórico que creo importante y extrapolable: si Cortés se retiró de su primera invasión a Tenochtitlan, su triunfo en su segundo ataque se debió a que llegó acompañado por una fuerte presencia de indígenas que lucharon junto a él contra el poder mexica. No es sólo cuestión de la Malinche que le hacía de intérprete  a Cortés y le dió descendencia. Es una fuerte presencia de indígenas que no tenían tan claro lo que sucedía en Tenochtitlan. Los incas, por su parte, se encontraban en guerra civil y fue fácil usar a unos contra otros. No de otra forma se explica el éxito de aquella pandilla de desarrapados frente a dos imperios fuertemente estructurados y dotados de ejércitos poderosos (la viruela ayudó, no se dude, pero el apoyo indígena también). Sin  el apoyo de algunos indígenas no habría habido conquista.
Cuando el nacionalismo indígena idealiza el pasado pre-hispánico, además, está olvidando episodios terribles como los "mitimaes" que llevaron a poblaciones enteras desde el actual Potosí (Bolivia) al actual Azuay (Ecuador), como lo harían cinco siglos más tarde los soviéticos en su imperio, la URSS. Y, qué quieren, no me resultan simpáticos los sacrificios humanos como tampoco la crueldad de los colonos (frailes incluídos) ni de los criollos que puede leerse novelada en la boliviana "Raza de bronce" o en la ecuatoriana "Huasipungo".
La otra cosa que me ha fascinado del libro en cuestión es el capítulo dedicado a la "nobleza indígena". Si los conquistadores habían tenido fuertes apoyos indígenas para la conquista, también los tuvieron para el mantenimiento del imperio en indígenas que obtuvieron títulos de nobleza, escudo de armas (cosa que no me preocupa mucho, pero parece que a ellos sí, como suele suceder con todas las colonias con los que se pasan al bando del colono) y, lo que sí me preocupa, tierras, haciendas, posesiones y poder político. Ando buscando qué fue de aquellos hispano-indígenas (que, tal vez, siguieron los pasos de los "galo-romanos" de la invasión romana a las Galias), pero, en general, el análisis que usa genéricos como "españoles", "libertadores", "indígenas" suele ser engañoso por una razón muy simple: evita reconocer sus diferencias internas de clase y sexo al sumergirlos en un universal que niega las diferencias internas. Porque esa es, al fin y al cabo, una de las cosas que hacen los nacionalismos. Incluso cuando recurren al "mestizaje" sin especificar en qué grupos sociales se dió y cómo.

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