viernes, 16 de octubre de 2009

Las dos banderas

Habría que recomendar a los gobernantes de los países centrales que hiciesen los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas, y, en particular, que hiciesen la meditación llamada de "las dos banderas" en la que el ejercitante tiene que pensar y visualizar dos ejércitos, cada cual bajo su bandera, digamos el del Bien y el del Mal, y tiene que hacer sus opciones. Planteado así es fácil, y más si el ejercitante sale de haberse visto pecador y ante la muerte: con la personalidad suficientemente inquietada por estas consideraciones negativas, se aferrará con facilidad a la opción del Bien y la Luz que se le propone. El esquema es el mismo (descenso, ascenso / desestructuración, estructuracion) que otros sistema de intervenir en la personalidad y hasta de lavar el cerebro.
Y lo digo porque una lectura del Financial Times me lo ha hecho recordar. En ella se cuenta que el presidente Obama se encuentra, en medio de las consideraciones negativas de la crisis económica, entre el deseo de que Wall Street se recupere y el de que la gente común vea mejoradas sus espectativas y situación económica. El problema, como en las dos banderas, es que, generalizando, parece que los objetivos del sistema financiero (Bolsa y Banca) mundiales son independientes de los objetivos de reducir el desempleo, la pobreza, el hambre. Esa es la mejor hipótesis. La peor es que son objetivos contradictorios, probablemente de clase en el más marxista sentido de la palabra.
Ampliando, los gobiernos tienen que elegir entre favorecer al sector financiero y favorecer a los castigados por el funcionamiento del sector financiero. Claro que puede haber la tentación de poner una vela a dios y otra al diablo, pero el esquema de las dos banderas no permite estar en misa y repicando. Si de dar dinero se trata, podría pensarse que la tarta pública puede repartirse entre el "salvataje" del sector financiero para que se autoadjudiquen "bonus" y planes de pensiones extravagantes y para que exporten parte de ese dinero a paraísos fiscales, por un lado, y, al otro lado, la atención a las necesidades de los más necesitados que, incidentalmente, son los que se supone que van a votar al gobierno (o a la oposición).
Pero supongamos que se trata de optar como en "las dos banderas" a las que suprimiremos el elemento del Bien y el Mal y dejaremos en bandera A y bandera B con objetivos incompatibles. ¿Qué haría, en ese caso, un gobierno "normal", es decir, el frecuente?
Es obvio que no va a actuar para perder votos, como tampoco lo hará la oposición. Así que, a primera vista, tendría que optar por la bandera de los ciudadanos de a pie. Sin embargo, hay otra posibilidad: que opte por la bandera del sector financiero que es el que, como su mismo nombre indica, financia las campañas (cuando no las fortunas personales o familiares) de los partidos en el gobierno o en la oposición. Con ese dinero, se financian campañas para distraer la atención de los ciudadanos, para convencerles de que es por su bien y no por el bien de los altos ejecutivos financieros y para convertir la política en una competición deportiva en la que el ciudadanos se convierten en hinchas (tifosi, hooligans) de sus respectivos partidos y quedan impermeabilizados al análisis sereno de las políticas que practican, quedando atrapados en la lógica de "my party, right or wrong" o, si se prefiere, "aúpa er Beti manque pierda".
Encuentro una excepción muy notable y es en los Estados Unidos: la reforma de la sanidad que propone el gobierno federal a favor de los ciudadanos y contra los intereses de las aseguradoras. Así que, como observador, también tengo dos banderas: o me olvido de este dato que no encaja con mi "teoría" o reviso la teoría. Porque intentar cambiar el dato, por mi parte, sería una solemne estupidez.
Por suerte, Maquiavelo viene en mi ayuda cuando aconseja al Príncipe que, si tiene que hacer un daño, lo haga al principio de su mandato. Pero no es suficiente. Lo siento por mi teoría. Tal vez sea que hay políticos y políticos. Los hay que sucumben con facilidad a los intereses inmediatos de una de las banderas (y ya he dicho a cuál se suelen inclinar) y los hay que saben que "se vogliamo che tutto rimanga com'è, bisogna che tutto cambi", el Gatopardo, hay que cambiar algo si queremos que nada cambie. Frente a la extrema dicotomía de "las dos banderas" del vasco, una visión más matizada, sutil y sofisticada del florentino y el siciliano.
Así que mejor que los gobernantes no hagan los Ejercicios Espirituales.

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