martes, 13 de octubre de 2009

Frustración popular

La opinión mostrada en las encuestas estadounidenses hace aparecer a los estadounidenses como cada vez más frustrados al comparar lo que desearían (y la publicidad les mueve a desear) y lo que efectivamente consiguen (dadas las limitaciones de la crisis económica en términos de desempleo, aumento de empelos de mala calidad, reducción de salarios y recortes en el gasto público de muchos Estados en quiebra o al borde de estarlo). No es una situación privativa de los Estados Unidos.
Al comentar este hecho se apuntan las dos posibilidades que puede producir  allí una situación como la descrita por las encuestas: o la gente se pone a pedir respuestas más progresistas más allá de la retórica o, "sabiamente" guiados, encuentran objetos sobre los que descargar la agresividad que produce la frustración, objetos que, por lo general, son los más débiles de "los de abajo" y que, a principios del siglo pasado, en la otra crisis, se llamó fascismo o nazismo.
Cierto que el premio nobel de la paz concedido a Obama a los pocos meses de ocupar el cargo (y con el agravante de que el plazo para presentar candidaturas terminó a los 11 días -sic- de que tal cosa sucediese) ha hecho subir ligeramente la popularidad del presidente hasta un 56 por ciento de aprobación. Y cierto también que hay algunas exigencias, como la de Michael Moore, para que se gane el premio con políticas más progresistas. Pero la aprobación es un "sí" tibio mientras que el rechazo es rabioso contra este "racista a la inversa", mezcla de nazi y comunista, no estadounidense. El terreno parece sembrado para la segunda de las opciones.
No sería importante (no lo es que a Berlusconi le estén abandonando sus apoyos y que la alternativa sea un neo-fascista) si no fuese porque los Estados Unidos, una vez corregidos los datos que sistemáticamente ocultan en sus presupuestos, gasta en "defensa" (es decir, en "ataque") la mitad de todos los gastos militares de todo el mundo. Second to none. El que, al mismo tiempo, se observen tendencias semejantes en otras partes del mundo no le quita importancia al dato estadounidense, sino que se la añade. Pienso en Uribe, reelegido por tercera vez, o en el sucesor de Berlusconi una vez huido al extranjero à la Bettino Craxi. Y pienso en la creciente frustración en otros países europeos y latinoamericanos, que son los que sigo con algo más de atención. Pero también en la aparente apatía generalizada, según dicen, en Francia.

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