jueves, 15 de octubre de 2009

Afganistán

Lo publiqué ayer en el diario Información -Alicante- y añado ahora cómo lo ven algunos estadounidenses. Qué tenga que ver un texto y otro con lo que han dicho en Washington los presidentes estadounidense y español, es un misterio. Ahí va mi texto:

Leí el mes pasado, en la columna de un reputado comentarista de Madrid, las razones por las que la retirada de la guerra de Afganistán no era una opción para España. Eran, básicamente, dos. Por un lado, había que proteger la seguridad de Occidente. Por otro, defender los valores de la civilización occidental. Igualmente, añadía, se trataba de una guerra, dijese lo que dijese el gobierno español. Pero vayamos a los antecedentes.
La ocupación de Afganistán se inició a poco del 11-S,  el 7 de octubre de 2001. Se trataba de proporcionar a la frustrada opinión pública estadounidense un objeto sobre el que descargar su agresividad después del ataque de las Torres Gemelas. El motivo explícito era detener a Osama bin Laden que se ocultaba en una red de cuevas subterráneas y, en todo caso, era cuestión de pararle los pies a Al Qaeda.
Pero se puede dar un paso más atrás. Parece ser que las cuevas en las que ahora se suponía que se escondían Al Qaeda y su líder Bin Laden habían sido construidas siguiendo indicaciones de la CIA cuando los talibán y Bin Laden eran fieles aliados de los Estados Unidos contra el Ejército Rojo (soviético, por supuesto) que acudía a Kabul a defender al fraternal gobierno comunista afgano de entonces. En aquellos años, Jimmy Carter gobernante, no le hicieron ascos a fomentar, por parte anglosajona, el “yihadismo” violento a partir de versiones muy particulares del islamismo político que llevaron a la creación de una especie de “brigadas internacionales” que acudieron a detener al ateismo o, lo que era peor, el laicismo comunista.
Donald Rumsfeld, ministro de Defensa en aquel 2001, quería dejar de lado a Afganistán e ir directamente contra Iraq, que era lo que realmente les interesaba después de tener aquella especie de Pearl Harbor que les podía justificar cualquier cosa que hiciesen. Como viene bien recordar, en la web neoconservadora se había estado esperando un nuevo Pearl Harbor (el ataque japonés al puerto de Honolulu, Hawai, que movilizó a la pacifista opinión pública estadounidense para entrar en la llamada II Guerra Mundial) para legitimar una intervención en toda regla en el Medio Oriente tanto en términos de control de los yacimientos petrolíferos como en los de apoyo a la política del Likud en Israel.
El resultado fue que se hicieron las dos cosas: se invadió Afganistán en busca de un elusivo Bin Laden y se ocupó Iraq, primero contra Al Qaeda (lo cual no deja se ser un sarcasmo, como posteriormente se ha sabido y documentado) y después en pos de la democratización del país, ya que los Estados Unidos promueven la democracia en el mundo a no ser que se trate de aliados como Arabia Saudita, Kuwait o los Emiratos.
El efecto de tales despropósitos es conocido. La democracia, en uno y otro de los países invadidos, es deplorable y, en todo caso, los ataques terroristas (si es que se buscaba acabar con el terrorismo) han aumentado a escala mundial, excepto en 2008, que se redujeron ligeramente, aunque todo hace suponer que cuando en abril de 2010 el Departamento de Estado publique los datos de 2009, volveremos a encontrar un incremento.
Pero volvamos a nuestro comentarista. Si se trata de garantizar la seguridad de Occidente, lo primero que habrá que definir es quién es, exactamente, ese “Occidente”. A lo que entiendo, “Occidente” es todo aquel cuyo ejército está presente en Afganistán, con lo que la pescadilla se muerde la cola: estamos en Afganistán para garantizar nuestra seguridad amenazada porque estamos en Afganistán. Pero aun suponiendo que haya definiciones algo menos abracadabrantes de “Occidente”, hay medios mucho más eficaces de garantizar esa seguridad: Deja de amenazar y matar civiles y verás como te amenazan menos.
De todos modos, lo que resulta más difícil de digerir es que se esté en Afganistán, supuesto el origen de este embrollo, para defender los “valores occidentales”. Desconozco cuáles sean, visto lo que sucede en Italia con Il Cavaliere o cómo gestiona Alemania el problema de Opel o cómo adulamos al líder libio indiscutible, visitado por el rey de España y comensal del ex-presidente Aznar. Si esos valores son la democracia, no entiendo por qué Arabia Saudita no genera ningún problema ni por qué el Pakistán de Musharraf fue tan bien visto o por qué el gobierno español es ahora amigo del gobierno guineano.
Todo parece indicar que el ejército español está en Afganistán porque está allí. Y necesita mayor presencia militar precisamente para defenderse. No tengo mejor explicación.

(Y añado ahora: igual está allí -y lo va a incrementar con guardias civiles- porque quiere seguir siendo el fiel servidor de su amo imperialista con el fin de salvaguardar las inversiones españolas en los Estados Unidos, productivas allí, huidizas de aquí. Socialismo puro. Pero no sé de qué siglo).

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