jueves, 2 de julio de 2009

Política personalizada

Es otro de los platillos volantes y también interpretable. Me refiero a la creencia de que la política es cosa de una persona, sea Obama o Zapatero (o Zelaya).
A su favor están los casos de evidente personalización de las decisiones. Es lo que me parece que puede suceder con Chávez, Morales o Correa, pero que también sucede en los demás sistemas en menor grado, pero sucede.
A su favor está también el papel que juega el márketing político convirtiendo la oferta parlamentaria en una oferta personal en los sistemas europeos (menos el francés). Cuando lo que objetivamente se está eligiendo es un parlamento del que después saldrá un presidente, lo que se "vende" es una persona.
Claro que en los sistemas presidencialistas americanos (del norte al sur) y los semipresidencialistas como el francés, es posible "vender" al candidato como persona con más razón que en los sistemas parlamentarios. Pero el hecho es que se vota por una persona y, por tanto, se cree que la política que se llevará a cabo es de una persona.
Viene esto a cuento de dos frases que escuché ayer. Una, de un buen amigo (que no lee el blog, con lo que puedo hablar bien de él con total tranquilidad), la otra, de un tertuliano radiofónico, por cierto de esos que tienden a gritar en lugar de hablar, algo exaltadillos ellos (y ellas).
Mi amigo, a propósito de Honduras me preguntaba "Pero, ¿cuántos minutos al día podría ocupar Honduras en la agenda de Obama?". Lo decía evaluando la posibilidad de que, a pesar del rechazo del gobierno estadounidense al golpe contra Zelaya, los Estados Unidos hubiesen estado implicados en el golpe, para lo cual hay indicios y prejucios suficientes en el mundo. La respuesta es que, probablemente, no haya ocupado ni segundos, pero que la maquinaria del gobierno ha podido estar (y ha estado) atenta a lo que allí sucedía y que alguna de las agencias de "cover actions", bastante asilvestradas últimamente, ha podido tomar decisiones con independencia de la voluntad del presidente. Que si la Escuela de las Américas, que si Negroponte... En todo caso, no tiene sentido personalizar tanto. Un artículo de Leticia Salomón muestra lo absurdo que sería reducir el problema a Zelaya-Micheletti: es mucho más complicado el mundo en general y Honduras en particular. Y si la autora tiene razón, los Estados Unidos NO habrían estado detrás del golpe aunque habrían sido "consultados" por los golpistas y no habrían obtenido la respuesta entusiasta que esperaban.
El tertuliano exaltado (español, por supuesto), a propósito del posible cierre o no cierre de la central nuclear de Garoña, espetaba "Pero, ¿qué sabe Zapatero de ingeniería? ¿Sabe algo de energía nuclear?". Lo decía para quitarle valor a lo que el presidente español pudiese decir sobre la dicha central como si un político tuviese que saber absolutamente de todo lo que aparentemente decide. No tiene sentido personalizar tanto aunque aquí las intenciones, políticamente, fuesen las contrarias a las de mi amigo.
Ya sucedió con George W. Bush: personalizar con él (incluso con lo que su padre había dicho de él, a saber, que no era tan tonto como parecía) eran ganas de no entender qué sucedía en el mundo donde los neoconservadores como Dick Cheney o Donald Rumsfeld podían tener mayor peso en las decisiones que el dicho W.
Tampoco se trata de negar el papel de las personalidades en un exceso de exaltación de las maquinarias gubernamentales (ministros, funcionarios, asesores, instituciones del Estado). Pero no creo que ayude a comprender las cosas el personalizarlas de ese modo extremo. Gordon Brown no caerá por ser un cenizo sino porque su partido ha ido de error en error y Putin no volverá a ser presidente después de Medvedev por sus cualidades de viejo apparatchik comunista y de la KGB sino porque hay una demanda de tal tipo de liderazgo y hay un entramado de intereses políticos y económicos que empujan en esa dirección. De todos modos, el futuro no está escrito.
De momento, cuidado con las personalizaciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario