miércoles, 29 de julio de 2009

Paranoides con causa

En el lenguaje coloquial, se le llama paranoico al que está obsesionado porque cree que otros le persiguen para causarle mal. Como suele suceder con tantas clasificaciones del género humano, estos paranoicos tienen, a su vez, algunos subtipos interesantes.
El primero que me viene a la mente es el del paranoide que de tanto darle vueltas a la persecución de que es objeto y de tanto procurar evitarla, acaba produciendo exactamente lo que intentaba evitar: los demás se hartan de tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas contra los supuestos perseguidores y acaban rechazando al paranoide aunque no sea más que por pesado y obsesivo.
Pero el más interesante es el caso del paranoico al que, efectivamente, le están persiguiendo, con lo que su obsesión se ve reforzada y ya no hay quien pare. De este último tipo, el caso más curioso se refiere a internet. No hace mucho, para invitarme a adherirme a una lista de Facebook (de “progres”, por supuesto), el mensaje se iniciaba diciendo que “aunque todos sabemos que la CIA controla esos mensajes” el adherirme me daría información actualizada sobre un determinado asunto que no hace ahora al caso. Lo que sí cuenta es esa obsesión por la capacidad de la CIA para controlar las comunicaciones mundiales. ¿Paranoia? ¿Se dedica la CIA a recoger y analizar las cosas que nos decimos por Facebook?.
Hay razones para comportarse como paranoide. La Agencia Nacional de Seguridad estadounidense emplea a más de 60.000 personas y gasta algo más de 10.000 millones de dólares al año en vigilar todo lo que se mueve. No es, como bien se sabe, la única organización pública dedicada al espionaje o “inteligencia”, pero parece ser que es la que cuenta con mejores medios. La CIA no estaría a su nivel, así que los paranoides que temen a la CIA mejor harían temiendo a alguna que otra agencia más y evitando dejarse llevar por mitos y fantasmas. No creo que la CIA pierda el tiempo haciendo análisis de contenido de las comunicaciones de unos “progres trasnochados” y viendo si aparecen determinadas palabras consideradas como peligrosas (bomba, terrorismo, Allah, Al Qaeda) como si los “malos” fuesen tan tontos como para usar las palabritas sin ningún tipo de eufemismo.
Pero es que ninguna de esas agencias lo tiene fácil. En primer lugar, por los cambios, relativamente frecuentes, de tecnologías de la información. Cuando ya crees que te sabes lo del e-mail, te aparece facebook o se presentan nuevas formas de comunicación por satélite o por cable o vaya usted a saber por qué. Ante esos cambios, los espías tienen que adaptarse y no siempre lo hacen con suficiente agilidad como para no perderse asuntos que pueden ser de mucha trascendencia. De todas formas, y en segundo lugar, es que resulta que es materialmente imposible controlar todos los mensajes que se producen al día (y no digamos a la semana o al mes o al año). Cierto que si te están vigilando a ti, exactamente a ti, pueden entrar en tu ordenador y saberse hasta el IP. Pero dudo que sean capaces de saber qué ordenadores precisamente hay que tener controlados de esa forma tan detallada.
Y puedo dudar porque se sabe que no son capaces. Los datos publicados hablan de que en los años 80 la Agencia Nacional de Seguridad siguió, analizó y produjo informes aproximadamente sobre el 20 por ciento del tráfico que pudo interceptar. No es mucho aunque parezca bastante. Pero es que, en la actualidad, con el incremento de comunicaciones a escala mundial y aunque el presupuesto de la NSA (por sus siglas en inglés) haya seguido aumentando en paralelo, a lo que le pueden dar seguimiento ronda el uno por ciento.
Pero supongamos que tienen un objetivo claro y no sólo se dedican a barridos más o menos sistemáticos sobre las cosas que se dicen en el ciberespacio. Supongamos que ya estamos en guerra contra Iraq y que la NSA tiene que procesar los mensajes que produce el enemigo. Pues bien, la NSA fue incapaz de procesar el 60 por ciento de los mensajes iraquíes que interceptó. Y el Seguimiento de Inteligencia (SIGINT) del ejército que participó en la ocupación de Iraq no llegó al 2 por ciento de lo interceptado. Es mucho o es poco, según se vea. Es mucho más de lo que el CNI español puede conocer. Pero no quita que es muy poco lo que realmente se conoce. Ser paranoide puede tener poco que ver con la realidad.

(Publicado hoy en el periódico Información - Alicante-)
Añadido: dicen que ECHELON tiene que revisar más de tres mil millones de mensajes al día

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