sábado, 11 de julio de 2009

La cuestión de los G

El editorial de Le Monde plantea el momento en que se encuentra la arquitectura internacional, con unas Naciones Unidas que no acaba de encontrar su acomodo, y unos G de composición variable que parecería tienen la vocación de sustituir a la ONU. Lo de composición variable es porque, de hecho, el número que siga a la G no significa necesariamente que los mandatarios que se reunen sean exactamente de dicho número. G-8 puede significar 10 (con la Unión Europea y Rusia) ó 20 (con 5 BRICs, más un musulmán, más algunas adiciones menores -España entre ellas-) o no se sabe cuántos.
El periódico levanta acta de que la crisis "causada por los países del Norte" está llevando a replantearse la organización mundial, como ya sucedió con crisis cíclicas pasadas. De hecho, Charles Doran (The Politics of Assimilation: Hegemony and Its Aftermath) lo planteaba así hace casi cuarenta años:


Podríamos preguntarnos qué país disputa ahora la hegemonía o si se acabó lo de que un país manda y los demás obedecen (menos los que le disputan la hegemonía, claro) y nos dirigimos hacia un mundo con varios centros. También vale preguntarse si también ahora el nuevo orden será precedido por una Gran Guerra en pos de la hegemonía. Como bien se sabe, la Historia no se repite ni en comedia ni en tragedia. Las respuestas, como siempre, son muy variadas.
Sin embargo, lo que muestra la "cuestión de los G" (¿cuántos?) es que sigue funcionando la idea de que hay unos países que mandan y/o son importantes y otros países que son irrelevantes. En ambos casos se admiten grados: los Estados Unidos mandan más que Italia, y Burkina Fasso es más irrelevante que Noruega. Pero esa división en centro/periferia (con algo intermedio que se llama semiperiferia o países emergentes o "clases medias" a escala mundial) sigue estando viva en la mente de los que están intentando un nuevo orden.
Y también parece que la idea democrática de "un país, un voto", es decir, la idea de que no hay países importantes y países mindundis, que es lo que había en el ideal de Naciones Unidas, ni se ha llevado a la práctica (veto de la "banda de los cinco" en el Consejo de Seguridad) ni parece que se vaya a llevar a la práctica. Un G-192 (si es que es ese el número de estados realmente existentes) es lo único que no parece estar en la agenda. Eppur' si muove.
Así que es comprensible el deseo de algunos gobiernos (como el español) de estar presentes en esos G: si estás con los que mandan, primero tienes mejor información que los que no mandan (los que mandan crean la realidad, incluso las crisis) y, segundo, participas en la creación de normas que favorezcan los intereses de esa especie de "comando G" que hace y deshace, promete e incumple, charla y se fotografía y, de momento, lo más interesante de L'Aquila no es lo que han dicho sino cómo los distintos medios han tratado el encuentro. Esto no es un mensaje, como el cuadro de Magritte "no era una pipa".

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